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¿Con qué idea sublevó a sus colegas?
En
mi tesis quise revisar algunas de las ideas de Freud, como el complejo
de Edipo. Cuando comenzó a tratar a mujeres que decían haber sufrido
abusos sexuales por parte de su padre, hermano o familiar, Freud las
creyó. Pero tras la muerte de su padre se desdijo.
Y para usted esos abusos no tenían nada de imaginarios.
Exacto.
En la propia familia de Freud había una atmósfera de secreto. Su padre
estuvo casado tres veces, una de sus mujeres desapareció
misteriosamente y Freud no se enteró hasta la muerte de su padre. Fue
entonces cuando concluyó que no podía haber tantos abusos por parte de
los hombres, que se trataba de los deseos inconscientes de sus
pacientes femeninas de tener relaciones sexuales con su padre.
Dicho así parece una simpleza.
No
olvidemos que Freud vivió en la Viena victoriana. "¡Usted está
destruyendo el psicoanálisis!", me dijo mi profesor de tesis, alumno de
Lacan. Entonces Lacan me llamó, quería conocer mi investigación. Al
final de la conversación me dijo que mi tesis era muy interesante y que
pasara por caja. Quería que le pagara la consulta.
Y se fue a ver al hermano pequeño de Lacan, monje benedictino. ¿Por qué?
Buscaba
hacer compatible la dimensión espiritual con la psicoanalítica, esa vía
que había cerrado Freud. Los textos bíblicos son el fundamento de
nuestra cultura, en ellos se define el yo, el tú. La lectura de la
Biblia de aquel hombre feliz y sereno era muy abierta y jamás se servía
de Dios contra el hombre.
Buen criterio.
Me dio
la fuerza que necesitaba para excavar en los textos bíblicos donde se
ve claramente que hay dos religiones según la manera como se traduzcan:
una religión a la que hemos de servir y otra que nos sirve.
¿Cómo interpreta el pecado original?
Las
palabras culpa y pecado no se citan en el relato del jardín del Edén,
aparecen con Caín y como un peligro que le amenaza. Dios le dice: "La
culpa está escondida ante tu puerta y tú tienes que dominarla".
¿Y eso qué significa?
La culpa no se presenta como algo moral, está narrando la dificultad de la relación entre hombre, mujer, padre, hijo, madre.
Una lectura psicoanalítica, sin duda.
En la Biblia encontramos la misma lectura simbólica que permite que la gente encuentre su lugar, y sin culpas ni sacrificios.
¿Sin culpas ni sacrificios?
Así
es, no es un Dios que pide sacrificios, es el Dios de la palabra que
apela al ser humano a liberarse y expresar un yo profundo capaz de
formar parte de un nosotros significativo. Creo que incluso para los no
creyentes es tranquilizador saber que Dios no pidió a Abraham que
matara a su hijo.
¿Ah, no?
Le pide, en hebreo,
que lo levante, que lo eleve. Pero Abraham no conoce otra manera, según
las costumbres, que quemarlo. Y cuando se lo pide se nombra a sí mismo
como Elohim, que significa "los dioses". Cuando le dice que no le haga
daño al niño se nombra YHWH, como el yo personal, el Dios que le cura
de la obediencia de matar.
Entonces es un texto lleno de matices.
Lo es, pero en la mayoría de las traducciones se pierden. En el
pasaje del Génesis 17, 15, Dios le dice a Abraham que a su mujer,
Sarai, que significa "mi princesa", la llame Sara, que significa
"princesa", es decir, princesa para ella misma.
¿Qué otros puntos clave nos ayudan a cambiar esa visión de un Dios arbitrario?
Cuando Caín y Abel hacen sus ofrendas, Dios acepta la de Abel y
rechaza la de Caín; me llevó 17 años entenderlo: Abel le ofrece ovejas
de su rebaño y Caín le ofrece frutos de la tierra, como un dibujo sin
firmar, y Dios no acepta que no esté presente en su ofrenda. Este Dios
quiere que las personas sean ellas mismas. Otro ejemplo del nuevo
testamento: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", ¿conoce las palabras
precedentes?
No.
Viene a decir: no guardes
rencor contra tu hermano, pero tendrás que reprocharle cosas para no
cargar con su culpa; y así amaras a tú prójimo como a ti mismo. No es
posible amar al otro como a ti mismo si no le has aclarado su falta
contra ti.
Entonces, ¿no estamos malditos?
En
el Génesis, Dios no maldice a Adán y Eva, maldice a la serpiente. Pero
en nuestro espíritu tenemos un ogro, una voz que nos culpabiliza, que
nos hace reproches más feroces que los que nos hicieron nuestros
padres. A menudo leemos la Biblia desde esa voz y creemos que esa es la
voz divina.
¿Qué corrompe nuestra mente y qué la sana?
Quizá
la mentira sea lo más terrible y la verdad lo más sanador, porque
cuando reconocemos un error, una maldad, el propio mal puede
convertirse en bien, porque la verdad sobre el mal cambia el mal.
Cuando uno reconoce ante otro que le ha hecho daño, nace una nueva
relación.
A usted ¿qué verdad le ha servido?
Expulsar
de mi cabeza esas otras voces que no eran mías, las que te dicen
"¡Porque tú...!". Eliminar esa falsa conciencia te permite otro tipo de
relaciones de mayor calidad, estar realmente presente. El filósofo
André Chouraqui decía que la persona más útil es la que te salva de la
vergüenza.
Publicado el 08:35 a.m. en ARTICULOS PSICOLOGIA, ARTICULOS | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
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Publicado el 10:26 a.m. en * ICV:Integración Ciclo Vital | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
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"El amor es una necesidad biológica" • Sus métodos de curación emocional sin fármacos están revolucionando Francia
Foto: JOSEP MARIA CABANÉ
NÚRIA NAVARRO París, 1961
Profesor de Psiquiatría
Autor de 'Curación emocional' (Kairós)David Servan-Schreiber, bisnieto del secretario de Bismarck, nieto del fundador de Les Echos e hijo del impulsor de L'Express, se ha especializado en las emociones. Francia entera sigue sus instrucciones naturales para acabar con el estrés, la ansiedad y la depresión.
--Los antidepresivos, ¿a la basura?
--¡No, no! Son un gran descubrimiento médico del siglo XX. Yo sólo estoy en contra de su utilización abusiva. Uno de cada siete franceses consume antidepresivos o ansiolíticos.
¡Eso no tiene ningún sentido!
--¡Alguien los receta!
--Cierto. Pero la Foods and Drugs Administration de EEUU ha pedido ya que los antidepresivos incluyan la siguiente advertencia: durante las primeras semanas de tratamiento, aumenta el riesgo de suicidio. Sólo deben tomarlos aquellos que no salen de la cama, para entendernos.
--¿Y el resto qué?
--Les propongo utilizar la capacidad natural del cuerpo para reencontrar el equilibrio.
--Ilústrenos, sin dilación.
--Sugiero la realización de un ejercicio físico liviano. Dos estudios de la Universidad de Duke demuestran que una marcha rápida durante 30 minutos, tres veces por semana, es igual de eficaz que un antidepresivo.
--¿Igual, igual?
--Hay una diferencia. Mientras que el 38% de los que finalizan el tratamiento con fármacos recae al cabo de un año, sólo el 8% de los que dejan el ejercicio vuelven a enfermar.
--Más ideas milagrosas.
--La autorregulación de la frecuencia cardiaca. ¡Muy importante! Consiste en respirar profundamente, imaginando que se inspira y se espira a través de la región del corazón. Esa práctica pone al cuerpo en situación de resistir mucho mejor el estrés.
--Siga, por favor.
--El 20% de nuestro cerebro está constituido de ácidos grasos, como el omega 3, que no fabricamos, sino que nos viene a través de la alimentación. El omega 3 se encuentra en espinacas, canónigo, berros, pescado azul, aceite de colza y en los productos de animales que se nutren de pastos. ¡Es crucial consumirlos!
--Comer espinacas y... ¿amar?
--Sí. ¡El amor es una necesidad biológica! Nuestras relaciones afectivas son tan importantes para nuestro cerebro como el oxígeno. Son indispensables para sobrevivir. Por eso recomiendo a las víctimas del 11-M que se comprometan con cualquier causa. El compromiso cura.
--¿De veras?
--De veras. Hoy estamos menos conectados con nuestro cuerpo y con nuestra comunidad que en la prehistoria. La tecnología nos ha deslocalizado. Hemos puesto el acento en el cerebro y enfermamos.
--Tanto explotar las meninges...
--El estrés perjudica más que el tabaco. Habría que cambiar la cultura de las empresas, adaptar las demandas a las capacidades, por el bien de todos. Un estresado produce menos.
--¿Y si todo falla?
--Para casos de síndrome de estrés postraumático, como el que pueden padecer los supervivientes del 11-M o las mujeres violadas, aconsejo el EMDR, la integración emocional mediante movimientos oculares.
--¿Qué es exactamente?
--En la fase REM del sueño, el cerebro pone los recuerdos en su sitio. Durante esa fase, los ojos se mueven a derecha e izquierda. Si cuando está despierta, a la persona que ha sufrido un trauma se le hacen mover los ojos siguiendo un dedo, reorganiza el recuerdo y se cura.
--¿Usted lo ha probado?
--¡Claro! Mi padre defendió el fin de la guerra de Argelia. Un día pusieron una bomba en nuestra casa y yo, que era casi un bebé, sentí mucho miedo. Pude liberarme de aquel terror infantil gracias al EMDR.
--Si todo esto fuera tan eficaz, estaría a la orden del día.
--Estas técnicas no hacen ganar dinero a nadie, ¿comprende? Por otra parte, existe la convicción de que la medicina científica comprende todos los mecanismos de acción.
--¿Falso?
--Sí. No comprendemos el mecanismo de acción del Prozac o de la aspirina, pero se recetan. Mientras que la acupuntura, notablemente eficaz en muchos casos, está bajo sospecha. A mí, como científico, me interesa lo que no comprendo.
--Le interesa la palabra del chamán y del monje tibetano.
--Nuestra medicina funciona muy bien en los casos de crisis. Un infarto, una infección aguda, un ataque de asma. Pero no busca el porqué de esas crisis, cosa de la que se ocupa la medicina tradicional. Ellos saben que la transformación de la vida misma causa muchos males.
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¿Existe relación entre la emoción y la razón ...?
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El siglo XX ha sido el siglo del
racionalismo. En este sentido durante este tiempo se ha creído que las
decisiones se tomaban exclusivamente en términos de racionalidad sin que las
emociones intervinieran en
el proceso. Hasta hace poco tiempo, las
emociones han quedado circunscritas dentro del ámbito de la investigación.
Hacia finales del siglo XX el Dr.
Antonio Damasio propuso un cambio esencial en esta concepción: La cognición
y las emociones no solo están estrechamente entrelazadas, sino que además,
la emoción es el primer mecanismo para la
racionalidad.
Si la integración entre la emoción
y la cognición se produce de manera correcta, entonces los sentimientos se
encaminan en la dirección adecuada, y nos llevan al lugar apropiado para la
toma de decisiones
racionales, donde podemos dar un buen uso a los instrumentos
de la lógica (Damasio, 2003).
Para Damasio existen tres grupos de emociones distintas, que
se definirían por sus correspondientes fenotipos:
Las emociones primarias son:
miedo, rabia, alegría tristeza, disgusto,...
Las emociones de fondo son
esencialmente dos: entusiasmo y desánimo, son aquellas que
constituyen nuestro estado de ánimo de fondo a lo largo del día y sobre las
que construimos nuestras actuaciones conscientes.
Normalmente creemos que las emociones se presentan de manera súbita y desaparecen aproximadamente con la misma rapidez, de modo que durante la mayor parte del tiempo estamos en un estado neutro en el que no hay emociones. Sin embargo, ello no es así sino que estamos sumergidos siempre en un estado emocional de fondo, que nos ocupa la mayor parte de las horas del día.
Finalmente, las emociones sociales: vergüenza,
desprecio, orgullo, envidia... se
denominan así porque requieren la presencia de
una segunda persona para expresarse.
Todas las emociones tienen una
importante base biológica y forman parte del
arsenal con el que
nacemos, transmitiéndose
genéticamente.
Se tiende a creer, que las emociones
sociales están determinadas por el aporte de formación
cultural a través
de la educación de los padres o escuela, sin embargo ello no es así.
La
cultura solo puede modular la expresión de estas
emociones y orientar su
manifestación
de manera, que un individuo acabe utilizando bien o mal
su capacidad innata para
experimentar y
expresar estados emocionales.
DIFERENCIA ENTRE EMOCIÓN Y SENTIMIENTO
Una de las aportaciones del A. Damasio al conocimiento de las emociones, es la diferenciación entre emoción y sentimiento. (confundidos en teorías previas como la de William James) - (Imagen_1)
| . |
Pulsar para ampliar - Imagen_1 |
Emoción y Sentimiento son dos procesos
claramente separables y diferenciables, existiendo una secuencia y un orden,
ya que la emoción antecede al
sentimiento.
Una emoción,
es esencialmente un programa motor no aprendido e innato,
al que se añnaden algunas
estrategias cognitivas, que en conjunto tienen
como finalidad la conducción de la vida.
El sentimiento,
a diferencia de la emoción, es siempre una cognición acerca de lo que sucede
en la emoción, es decir, una cognición
sobre aquello que nos emociona.
Para que un
individuo humano o no
pueda sentir una emoción, hace falta un estímulo que la dispare, lo que
en la terminología anglosajona se conoce como “emotionally competent
stimulus”.
Este estímulo es procesado por
circuitos cerebrales especializados,
que fueron específicamente diseñados
por la evolución.
Estas estructuras cerebrales
son las mismas en muchas espacies de seres vivos, siendo esencialmente:
La amígdala (A) (Imagen_2)
El cortex prefrontal ventromedial
(CPFVM)
(Imagen_3)
El cortex cingulado anterior (CCA) (Imagen_3)
La ínsula anterior (IA) (Imagen_4)
Estas estructuras han sido muy bien estudiadas en proyectos experimentales realizados con animales. En humanos, el conocimiento de la función de cada una de estas estructuras proviene en gran medida de los estudios realizados en enfermos con lesiones provocadas por causa de un accidente o tumor (Damasio et al., 1994) - (Imagen_5)
En el caso de una lesión en el cortex prefrontal ventromedial, se conocen muy bien las consecuencias que sufren los pacientes y en estos casos las capacidades cognitivas, es decir el razonamiento lógico, el lenguaje y otros, quedan intactas, sin embargo el daño en esta región cerebral provoca profundas consecuencias en la personalidad del individuo - (Imagen_6)
Para el
A. Damasio, el procesamiento de una emoción podría
resumirse de la siguiente manera.
Primero, una serie de operaciones cognitivas que van desde la percepción de un estímulo hasta la percepción del estado emocional que aquel genera, un proceso que se desarrolla en cuatro etapas que incluyen:
| . |
Pulsar para ampliar - Imagen_7 |
|
La percepción y evaluación del estímulo;
El disparo de la emoción;
La ejecución de la emoción;
El estado emocional propiamente dicho.
Segundo, las estructuras
neurobiológicas que hacen posible
las cuatro operaciones
cognitivas
mencionadas -
(Imagen_7)
La emoción dispara los recursos
cognitivos de nuestro cerebro, activando determinados
circuitos cerebrales relacionados con aquella emoción. Estos circuitos incluyen
las estructuras neurales, que antes hemos mencionado
(A,
CPFVM, CCA, IA). A su
vez, estas estructuras
ponen en marcha determinados recursos
cognitivos, como la
información almacenada en la
memoria y el conocimiento de determinadas
estrategias de actuación
etc.
El estado emocional
determina un estilo cognitivo, que caracteriza la actuación de una persona
inmersa en aquella emoción. Por ejemplo, cuando una persona experimenta miedo,
su estilo cognitivo cambia de acuerdo con esta emoción y
ello hace que esté
atenta a determinada información mientras ignora otros aspectos que también
están presentes en el ambiente.
Damasio AR.
El Error de
Descartes: La emoción, la razón y el cerebro humano.
Grijalbo Mondadori (Ed.). Critica. Barcelona, 2001.
Damasio AR. En Busca de Spinoza: Neurobiología de la emoción y los sentimientos. Ed. Crítica. Barcelona, 2005.
Damasio H, Grabowski T, Frank R, Galaburda AM, Damasio AR (1994). The return of Phineas Gage: clues about the brain from the skull of a famous patient. Science;264:1102-5.
____________________
Publicado el 12:56 p.m. en * ICV:Integración Ciclo Vital, ARTICULOS PSICOLOGIA | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
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LA NEUROBIOLOGÍA DEL EMDR
Candida J. Lutes, Ph.D., ABPN
Objetivos del Programa
1. Conocer los caminos y estructuras principales del cerebro y también del cuerpo que están presentes cuando aparece una amenaza.
2. El cómo y porqué estas estructuras y caminos llegan a ser perjudiciales cuando los estresores alcanzan el nivel de trauma.
3. Los procedimientos a través de los cuales EMDR influye al cerebro para reducir los efectos del trauma.
ANATOMÍA
Las mismas zonas del cerebro implicadas en la memoria, juegan un importante rol en las conductas relacionadas con el miedo y en el aumento de las respuestas periféricas hacia los estresores.
La estimulación eléctrica de la Amígdala en los gatos causa un aumento de la respuesta de estrés y conductas relacionadas con el miedo ( tal como se manifiestan durante una pelea o ataque).
La estimulación de la Amígdala aumenta la producción de la hormona del estrés , la adrenalina ( Hilton & Zbrozyna, 1963).
En los humanos, la estimulación eléctrica de la amígdala produce síntomas de miedo y ansiedad como el aumento del ritmo cardiaco , aumento de la presión sanguínea, incremento de la tensión muscular y sensaciones subjetivas de miedo y ansiedad ( Chapman et al., 1954).
Dicha estimulación, también aumenta la segregación de adrenalina periférica ( Gunne&Reis, 1963)
En las ratas, la amígdala está involucrada en las reacciones de miedo condicionadas. La extinción del miedo condicionado se cree que ocurre cuando se construyen nuevas memorias que enmascaran o invalidan la memoria de miedo condicionada. Sin embargo, la memoria extinguida rápidamente se reintegra si hay un conector con el estímulo original, incluso un año después del condicionamiento original. Ello sugiere que la respuesta de miedo no desapareció sino que fue inhibida. Parece que ello ocurre por la inhibición prefrontal media de la amígdala.
Las lesiones del núcleo central de la amígdala bloquean completamente las alarmas potenciales del miedo.
La estimulación eléctrica del núcleo central de la amígdala aumenta las alarmas acústicas ( Rosen& Davis, 1988)
El núcleo central de la amígdala se proyecta en diferentes lugares, uno de los cuales es el cerebro posterior, ello estimula respuestas periféricas de estrés.
En los humanos, el miedo al electroshock conlleva un aumento en la respuesta de alarma.
Pacientes con lesiones en la amígdala tienen alterados los condicionadores del miedo.
Los pacientes con TPEP ( Trastorno por estrés post-traumático) tienen respuestas anormales de alarma ( Morgan, Grillon,Southwick, Davis, &Charney, 1995). El aumento de las respuestas de alarma se originan en la amigada.
Los pacientes con TPEP fracasan en el intento de extinción de respuestas de miedo hacia los disparadores de su trauma. Bremner( 2002) lanza como hipótesis que ello estaría relacionado con la disfunción en las áreas corticales prefrontales medias que suprimirían la amígdala.
El hipocampo es muy importante para dar a los recuerdos un sentido de tiempo, contexto y secuéncia.
Recordemos que el exceso de cortisol parece dañar al hipocampo. Esto parece ser el resultado de la potenciación de los efectos dañinos que ocurre de manera natural con ciertas químicas del cerebro y que juegan un rol importante en la memoria como es el glutamato ( Sapolsky, Packan, & Vale, 1988; Sapolsky & Pulsinelli, 1985).
El estrés tiene como consecuencia un descenso en el hipocampo, de uno de los receptores de la serotonina, también una atrofia en la región CA3 del hipocampo y daño en la memoria.
El factor neurotrópico derivado del cerebro ( FNDC) se reduce en el hipocampo como resultado del estrés prolongado y ello puede llevar a la muerte celular.
Los pacientes afectados de TPEP tienen un bajo número de neuronas en la región CA· 3 del hipocampo izquierdo y presentan alteraciones en el aprendizaje de palabras y parágrafos en las valoraciones neuropsicológicas ( Sass et al., 1990,1992). Las alteraciones eran específicas para la memoria verbal; la memoria visual no estaba afectada.
Los pacientes con TEPT relacionados con la guerra mostraban déficits en la función de la memoria verbal, pero no mostraban déficits en el CI global o en la memoria visual.
Los supervivientes de abusos físicos o sexuales en la infancia y que fueron diagnosticados con TPEP ( comparados con los sujetos sanos que fueron distribuidos por edad, sexo, raza, años de estudios y años de abuso de alcohol) tenían déficits en la memoria verbal cuando se les habían suministrado pruebas neuropsicológicas. Los déficits de memoria a corto plazo fueron mayores para aquellos cuyo abuso era juzgado como el peor ( Bremner, Vermetten, & Mazure, 2000). En ambos grupos no se encontraron diferencias en el CI o en la memoria visual.
Los scanners de imagen por resonancia magnética ( IRM) de los veteranos con TPEP ( en comparación con los grupos de control) mostraban un tamaño menor del hipocampo, peor en la derecha. Cuanto mayores eran los problemas en relación a la memoria, el hipocampos era menor en tamaño.
En aquellos pacientes que fueron severamente abusados física o sexualmente en la infancia , se encontraba el mismo modelo de déficits en la memoria y la similitud en el tamaño del hipocampo, aunque en este grupo los déficits eran peores en la parte izquierda.
La reducción del hipocampo en mujeres que habían sido abusadas sexualmente en su infancia, correlaciona con sintomatología disociativa ( Stein et al., 1997)
Varios estudios sugieren que una exposición crónica al estrés y de muchos años de duración, debería ser necesaria para determinar una atrofia a nivel del hipocampo.
La depresión unida comúnmente al estrés está asociada a un 19% de reducción de volumen del hipocampo izquierdo ( Bremner, Narayan, et al., 2000).
El hipocampo tiene la capacidad de regenerar neuronas incluso en la edad adulta aunque altos niveles de glucocorticoides ( el cortisol que durante el estrés aumenta ) suprime dicha capacidad.
Los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina pueden contrarrestar el efecto negativo del estrés sobre el hipocampo ( Dunan, Heninger,& Nestler, 1997; Nibuya, Morinobu,& Duman, 1995)
El dilantin también bloquea los efectos dañinos que tiene el estrés sobre las neuronas del hipocampo ( Watanable, Gould, Cameron, Daniels, & McEwen, 1992).
En la mayoría de los trastornos psiquiátricos se encuentran desarreglos a nivel frontal.
El córtex prefrontal medio ( la parte que está por encima de los ojos ) juega un importante rol en la regulación de las emociones . El córtex prefrontal medio inhibe comparativamente las áreas más primitivas ( la amígdala )
Los veteranos de Vietnam con TPEP , en respuesta a las imágenes y sonidos del combate fracasaron en el intento de tener su córtex prefrontal medio “ activado” ( los veteranos sin trastorno por estrés post-traumático no mostraron dicha alteración.
Las mujeres que fueron sexualmente abusadas en su infancia fracasaron en el intento de mostrar activación normal en el área prefrontal medial y en el hipocampo derecho cuándo leían guiones sobre su abuso en la infancia ( Bremner, Narayan, et al., 2000)
EL EJE HIPOTALÁMICO-PITUITARIO-ADRENAL
La amígdala ( forma parte del sistema límbico del cerebro) lanza una señal de alarma enviando mensajes a numerosas partes del cerebro, incluyendo el córtex prefrontal y el hipotálamo.
El hipotálamo, también situado en el sistema límbico registra la señal y el resultado son dos o tres “sets “de señales adicionales:
1.El Factor liberador de Corticotrofina (FLC) llega a la glándula pituitaria. La glándula pituitaria segrega a su vez la Hormona Adrenocorticotrópica ( ACTH). La ACTH influye a las gándulas Adrenales.
2. El Sistema Nervioso Simpático en su conjunto está influenciado. El SNS, es una parte del Sistema Nervioso Autónomo y en un principio se activa en situaciones de esfuerzo y estrés. Se activa en parte por la activación de las glándulas adrenales.
a. Las Glándulas Adrenales liberan Adrenalina que afecta a muchos sistemas del cuerpo, movilizando al individuo para la lucha o la huída. Ello incluye:
- Aumento de la respiración.
- Aumento del ritmo cardiaco.
- Modificación de la temperatura corporal.
- Decremento o parón de la digestión
- Se dirige la energía hacia el cerebro ( para pensar y actuar rápidamente y hacia los músculos de los brazos y las piernas ( para luchar o correr)
- Aumento del nivel de miedo y temor.
- La activación del bazo para aumentar la liberación de células rojas así la sangre puede llevar más oxígeno.
- Impulsando al hígado para convertir el glucógeno en glucosa ( el tipo de azúcar/energía que puede ser usado de manera inmediata)
- Las pupilas se dilatan para una mejor visión
- Opiáceos endógenos son liberados en el cerebro para apagar la sensación de dolor y de esta manera, ninguna herida altera la capacidad para escapar.
b- Como resultado de ACTH, las glándulas adrenales también liberan Cortisol ( hidrocortisona)
- Es una respuesta al estrés mucho más tardía.
- Amortigua el sistema inmunitario ( así la víctima no muere inmediatamente por la infección ).
- La liberación de cortisol conlleva la conversión de la grasa en glucosa.
- Aumenta la presión sanguínea y los latidos cardiacos.
- Aumenta los niveles de colesterol.
- Aumenta los niveles en sangre de adrenalina ( noreponefrina y epinefrina).
- Cuando el cortisol alcanza un determinado nivel crítico, la reacción de alarma se inhibe.
- Niveles excesivos de cortisol ( en respuesta a excesivo miedo) daña el hipocampo ( importante para el aprendizaje y la memoria).
- Excesivos niveles de cortisol en individuos crónicamente estresados lleva a un aumento en la frecuencia de depresión.
- En individuos con estrés crónico la habilidad para liberar cortisol se altera ( por lo tanto el sistema de estrés no se apaga, hay un fallo en la homeostasis)
c- En los casos de TPEP, las glándulas adrenales no segregan suficiente cortisol para parar la reacción de alarma. Las personas con TEPT tienen unos niveles de cortisol más bajos que los grupos control, incluyendo aquellos con depresión.
4. Cuando la muerte es inminente, cuando la huída es imposible o cuando la amenaza se prolonga en el tiempo, el sistema límbico puede simultáneamente estimular el Sistema Nervioso Parasimpático. Normalmente solo el SNP o SNS está activado.
Cuando se activan simultáneamente el SNP y SNS, aparece un estado de “ congelación” llamado de “inmobilidad tónica”. Es un estado alterado de la realidad y aparece:
- Enlentecimiento del tiempo
- El miedo desaparece y
- El dolor no se siente tan intenso.
Hay que tener en cuenta que la activación del SNA para hacer frente a las demandas del estrés es normal. Es parte de una respuesta saludable y adaptativa de supervivencia. Al mismo tiempo en que el SNA es activado por la amígdala, otras partes del del cerebro están siendo simultáneamente activadas para recoger información eficaz acerca de lo que está ocurriendo en el entorno , de este modo la alarma puede apagarse si no hay peligro real o si el peligro ha pasado.
Cuando el SNA continúa estando activado incluso después de que el peligro ha pasado y el organismo ha sobrevivido, el diagnóstico de Trastorno por Estrés postraumático es apropiado. El evento traumático parece seguir flotando en el presente más que ocupar su lugar en el pasado de uno, a menudo apareciendo en el presente como si estuviera ocurriendo ahora.
Personas con TPEP tienden a alternar episodios de sobreactividad con periodos de agotamiento , los reguladores del SNA se han alterado. Las señales corporales que una vez nos sirvieron para proporcionarnos información útil, ahora se han convertido en peligrosos.
1. Debido a vínculos asociativos , las señales corporles disparan el pánico. Racionalmente las personas saben que no hay peligro real pero las sensaciones del cuerpo nos dicen lo contrario.
2. Incluso el incremento de los latidos cardiacos que acompaña el ejercicio físico puede disparar una asociación con el trauma .
Los propios mecanismos reguladores del SNA han sido interrumpidos. Las señales del cuerpo que en un primer momento nos proveían de información útil ahora pueden ser peligrosas.
1. Aunque intelectualmente los individuos pueden entender que no hay peligro, las señales del cuerpo envían otro mensaje y generalmente nos sentimos atemorizados porqué un estímulo del entorno ( reminiscente del trauma )se ha activado.
2. Incluso el aumento del ritmo cardiaco que acompaña al ejercicio físico puede disparar asociaciones con el suceso traumático.
3. La habilidad para distinguir entre la seguridad y el peligro se vé reducida.
Emdr y los Sistemas de Memoria: Incremento de la comunicación entre los hemisferios Cerebrales
1. Los individuos operados de comisurotomia ( sección del cuerpo calloso) y que a partir de entonces no han tenido una interacción directa entre los hemisferios, nos muestran memoria semántica buena pero la memoria episódica está alterada.
Memoria Semántica: La podríamos definir como “ un almacén de conocimientos acerca de los significados de las “ palabras “ y las relaciones entre estos significados, constituyendo una especie de diccionario mental, mientras que la “ memoria episódica”representa eventos o sucesos que reflejan detalles de la situación vivida y no solamente el significado.
La organización de los contenidos en la “ Memoria Episódica” está sujeta a parámetros espacio-temporales; esto es, los eventos que se recuerdan representan los momentos y lugares en que se presentaron. Sin embargo, la información representada en la “ Memoria Semántica” sigue una pauta conceptual, de manera que las relaciones entre los conceptos se organizan en función de su significado.
En la “ Memoria Episódica” los eventos almacenados son aquellos que han sido explícitamente codificados, mientras que la “ Memoria Semántica” posee una capacidad inferencial y es capaz de generar y manejar nueva información que nunca se haya aprendido explícitamente.
2. En una revisión sobre 275 TEP ( tomografía por emisión de positones ). Cabezza & Nyberg 2000 reportaron que la memoria semántica está lateralizada a la izquierda mientras que las memorias episódicas están distribuidas a lo largo de ambos hemisferios. Específicamente:
a- Durante los episodios de codificación, las activaciones prefrontales eran siempre lateralizadas a la izaquierda .
b- Durante los episodios de recuperación ,las activaciones prefrontales suelen ser bilaterales pero nos muestran una clara tendencia hacia la lateralización derecha.
c- La actividad cerebral durante las tareas de memoria semántica se encuentra en el hemisferio izquierdo pero no en el derecho.
4- Si el estímulo se presenta secuencialmente en un campo visual individual ( va directamente a un hemisferio ) la memoria semántica es superior; pero si el estímulo alterna entre los dos campos visuales, ello facilita la memoria episódica.
5- Los movimientos de ojos laterales llevan a un sustancial aumento en la activación del hemisferio opuesto. En dicho estudio, los movimientos no se alternaban de derecha a izquierda como ocurre en el emdr.
6- Las asimetrías preexistente en los hemisferios, se reducen cuando durante 30 seg llevamos a cabo movimientos horizontales en los ojos. Se ha especulado que ello aumenta la interacción entre los dos hemisferios.
a- La coherencia en los datos del EEG( la coherencia explica las relaciones temporales entre dos frecuencias detectadas en el EEG y van de o a 1 ) aumenta durante las tareas en las que utilizamos ambos hermisferios simultáneamente pero la coherencia se reduce en las tareas en las que utilizamos un solo hemisferio.
b- Durante el ejercicio de tareas bi-manuales, la coherencia interhemisférica de EEG aumenta, pero decrece durante el ejercicio de tareas unimanuales.
c- Familias de zurdos generalmente tienen un cuerpo calloso más grande y también tienden a tener mayor coherencia EEG entre los dos hemisferios.
7- Los movimientos de ojos sacádicos bilaterales también hacen aumentar el efecto Stroop.
8- Entre los dos y siete años, la coherencia del EEG entre los dos hemisferios, aumenta significativamente.
9- La coherencia interhemisférica, aumenta significativamente durante la fase REM del sueño. Este incremento parece estar relacionado específicamente por la presencia de movimientos en los ojos. La mayoría de los movimientos de los ojos en la fase REM son horizontales.
10- Tomando como hipótesis que los movimientos de ojos bilaterales igualan la activación de los dos hemisferios , Christman, Garvey, Propper, and Phaneuf ( 2003) probaron si estos movimientos en condiciones experimentales facilitarían la recuperación de las memorias episódicas.
a. Empezaron utillizando tests de laboratorios estandarizados sobre memoria episódica versus memoria implícita. A los sujetos ( todos diestros) se les practicó 30 segundos de movimientos de ojos horizontales, verticales o movimientos de búsqueda.
“Los movimientos de ojos sacádicos generan mayor actividad del lóbulo frontal que los movimientos tranquilos de búsqueda ( O´Driscoll et al., 1998) y recordar que las regiones del lóbulo frontal están específicamente implicadas en la memoria episódica ( Cabeza&Nyberg,2000).
i- La memoria episódica fue valorada 30 minutos más tarde por tests de reconocimiento de palabras previamente estudiadas.
ii- La memoria implícita fue valorada a través de tests para completar fragmentos de palabras.
iii- Los movimientos de ojos horizontales (pero no los verticales ni tampoco los de búsqueda )dieron como resultado una mejora en el reconocimiento de una lista de palabras presentada previamente, pero no afectó a la tarea de completar palabras.
iv- La mejora en la memoria ocurría sólo con los movimientos de ojos horizontales.
b. La habilidad de los participantes para recordar material autobiográfico fue valorada de la siguiente manera: se les pidió que durante seis dias escribieran en un diario los diez sucesos que les ocurrieran fuera de su rutina diaria y que los escribieran con detalles precisos. Se les retiró el diario después de siete días de haberlo empezado aunque no se les informó que sus memorias iban a ser valoradas más adelante. Dos semanas más tarde fueron asignados para el experimento y a un grupo se le asignó para trabajar con el movimiento horizontal de ojos y el otro grupo fue asignado para la observación de cambios de colores en una pantalla.
i- Los sujetos tuvieron que escribir el máximo de sucesos que recordaban , de los que habían plasmado en sus diarios.
ii- Los jueces valoraban la precisión de sus recuerdos.
iii- La precisión de los recuerdos aumentaba significativamente cuando se utilizaron movimientos horizontales sacádicos.
iv- El grupo que siguió los movimientos sacádicos horizontales coometió menos errores que el grupo que siguió los cambios de colores en una pantalla.
11. Los pacientes con TEPT que fueron tratados exitosamente con EMDR mostraron una creciente actividad bilateral en el girus singular, estructura muy importante en la recuperación de memoria episódica.
Investigación sobre EMDR y la Modificación de la Disfunción Cerebral Metabólica relacionada con el Trauma ( Estudios SPECT)
Ejemplos de investigaciones que han mostrado la eficacia de EMDR:
1- Hacia mediados de los años 90, se hicieron varias investigaciones SPECT ( Tomografía por emisión de fotón único) en colaboración con el Dr. Daniel Amen y el Instituto EMDR, demostrando dichas investigaciones que EMDR calma la función cerebral.
a- Los pacientes fueron investigados cuando trataban de concentrarse en su primera sesión de EMDR, también cuando su emoción estaba en su nivel más alto y finalmente en la etapa de post-tratamiento.
b- Durante la primera sesión de EMDR, hubo un incremento global en la actividad cerebral y se hacía más notable en el Córtex Prefrontal aunque había un descenso de la actividad cerebral en el lóbulo temporal derecho.
c- En el post-tratamiento, todos los pacientes reportaron una mejora general y una reducción de los síntomas . Hubo un aumento de la actividad del Córtex Prefrontal especialmente en la parte izquierda y hubo un descenso importante en la actividad del lóbulo temporal derecho. Hay que recordar que los lóbulos frontales en su mayor parte, son inhibidores del exceso de actividad límbica; los pacientes traumatizados con una historia previa de daño en la cabeza, tienen una dificultad mayor en inhibir la actividad límbica.
2- Karen Lansing en colaboración con el Instituto EMDR y la Clínica Amen, ha proporcionado datos sobre personal de la agencia jurídica que se vió envuelto en tiroteos y que desarrolló posteriormente síntomas de TPEP. Su investigación ha mostrado la eficacia de EMDR y en la presente investigación fueron incluidos Scanners pre y post SPECT.
a- Después de 6 horas de “ charla” terapeútica, los scánners SPECT( tomografía por emisión de fotón único) no sufrieron cambios en relación a la linea base. Después de dos sesiones de EMDR se produjeron mejoras muy significativas.
b- En otro estudio sobre 55 policías que habían sido involucrados en tiroteos y que desarrollaron “ apraxia a las pistolas”, 53 de los policías volvieron a trabajar en la policía después de habérseles practicado EMDR.
c- Los participantes en la investigación todos reportaron un notable descenso en los síntomas después de habérseles practicado EMDR ( mejora de la productividad, mejora en la realización de tareas, incremento en la cualidad de las relaciones interpersonales, incremento en los niveles de confianza y seguridad y aumento en el disfrute del día a día.
d- Los scanners SPECT ( tomografía por emisión de fotón único)mostraron cambios significativos volviendo a recuperar perfiles normales.
EMDR y el Cerebelo: Hipotética Asociación con el Modelo de Sueño REM
Bergmann( 2000) y Stickgold ( 2002) postulan que uno de los mecanismos por los cuales EMDR es eficaz, es el hecho de que los movimientos de los ojos induce un estado psicológico similar al sueño REM, un periodo durante el cual las memorias traumáticas se integran corticalmente dentro de un encuadre semántico general.
En relación al cerebelo:
1- A lo largo de la evolución, el cerebelo ha crecido más que cualquier otra parte del cerebro a excepción del córtex cerebral. Este desarrollo ocurría al mismo tiempo que las áreas asociativas cerebrales.
2- El número de células nerviosas en el cerebelo es mayor que el número de células nerviosas en la corteza cerebral.
3- El cerebelo está conectado a través de millones de fibras nerviosas a muchas partes del cerebro posterior y anterior incluyendo todas las áreas corticales.
4- Nuevas áreas del cerebelo ( lateral ) parecen contribuir al lenguaje; hay muchas fibras en el cerebelo que llegan del área de Wernicke y otras que salen desde el cerebelo al área de Broca.
5- Los investigadores sugieren que el cerebelo suministra una área asociativa extra y que contribuye no sólo al aspecto motor del habla fluida sino que también contribuye al procedimiento cognitivo que generará las palabras con las que vamos a expresarnos.
6- El cerebelo también contribuye a la atención.
7- El córtex del cerebelo muestra una organización modular que involucra zonas paralelas que son perpendiculares a la superficie. Leise ( 1990) sugiere que éste es el equivalente biológico de los chips microprocesadores, lo que suministra una fuerza considerable para el procesamiento de la información.
8- Las técnicas avanzadas del escaneo cerebral proporcionan testimonio de que el cerebelo lateral permanece muy activado cuando la gente está procesando información, haciendo asociaciones semánticas, trabajando con la memoria, memoria declarativa y tareas de memoria episódica.
9- Input del cerebelo: El cerebelo recibe información a del núcleo pontino y del núcleo rojo. Ello incluye:
a- Información visual, auditiva y somatosensorial desde el córtex cerebral posterior .
b- Información motora desde los lóbulos frontales.
c- Información desde áreas asociativas ( información muy procesada)
10- Las estructuras límbicas e hipotalámicas también se proyectan al núcleo pontino en su trayecto hacia el cerebelo. Ello conlleva información afectiva hacia el cerebelo.
11- Estructuras reticulares del cerebro posterior también proyectan hacia el cerebelo, llevándole información autonómica, emocional y motivacional.
12- Cerebelo output:
a- Conexiones hacia dos núcleos del tálamo que a su vez proyectan al córtex prefrontal ( éstas conexiones contribuyen de una manera muy significativa a la evolución del lenguaje)
i- El núcleo ventrolateral del tálamo .
ii- El núcleo centro lateral del hipotálamo.
iii- Conexiones hacia el hipotálamo y hacia las estructuras límbicas más antiguas.
iv- Conexiones hacia las estructuras reticulares en el cerebro posterior.
Bergmann (2000) sugiere que uno de los mecanismos por los cuales EMDR es eficaz, es el hecho de que EMDR proporciona una estimulación constante en el cerebelo. La información va y viene desde el lóbulo límbico y desde el córtex prefrontal y debido a la naturaleza asociativa del cerebelo dicha información es reprocesada y mejor integrada.
1-El sueño REM parece ser muy importante para la consolidación de varios tipos de memoria ( Stickgood, Hobson, Fosse & Fosse, 2001; Titote, 2002
2- Existe una sincronización alta EEG, entre los dos hemisferios durante el sueño REM ( Barcaro et al., 1989; Dumermuth&Lehman, 1981).
3- Las investigaciones por neuroimagen en los TPEP han mostrado con firmeza la activación del gyrus anterior ( Areas de Brodman 24, 25 & 32 ). Las investigaciones por neuroimagen en el sueño REM también muestran con firmeza activación de la circunvalación anterior. En EMDR, las investigaciones de neuroimagen también muestran activación bilateral de la circunvalación anterior. Bergman ( 2000) postula que EMDR facilita un afecto más apropiado y modulado.
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BASES NEUROLÓGICAS DE LA ICV
Gracias a los últimos avances de la neurociencia, podemos tener una mejor comprensión del desarrollo neuronal temprano y de como diversos factores en la infancia pueden afectar al desarrollo, de tal manera, que llevarán posteriormente a problemas psicológicos.
El cerebro continúa reorganizándose durante todo el
ciclo vital y mantiene la capacidad de cambiar como resultado no sólo
de factores experimentados pasivamente, tales como ambientes
enriquecidos, sino tambien de cambios en la forma en que nos
comportamos y de la manera que pensamos. (Schwartz y Begley, 2002 ).
La integración neuronal es un rasgo importante del desarrollo, por lo que la falta de integración está en la raiz de un ámplio espectro de problemas psicológicos incluyendo problemas en las relaciones, flexibilidad de respuesta, la habilidad de construir una narración autobiográfica coherente y la habilidad adecuada para ser padres. ( Siegel, 1999).
src="http://es.youtube.com/player2.swf" type="application/x-shockwave-flash">
El protocolo de la Integración del Ciclo Vital contiene las condiciones necesarias para que se dé el desarrolo neuronal y la integración neuronal puesto que recrea esas condiciones dentro del marco terapeútico fomentando la integración neuronal en los adultos y en los niños que llegan a nuestra consulta.
Estas condiciones incluyen:
1.- Una relación reciproca y sensible entre el adulto y el niño.
Las investigaciones más actuales en neurociencia afirman que:
• El desarrollo neuronal es un proceso interactivo entre los cuidadores principales y el niño. (Shore,94)
• El desarrollo neuronal óptimo ocurre dentro de un ambiente educativo seguro, positivo y sensible (Schore,94)
Cuando los niños experimentan circunstancias que los desbordan
emocionalmente y todavía no tiene capacidad para ponerle palabras,
necesitan del adulto para que le ayude a dar sentido a lo que ellos han
experimentado y entonces son capaces de entender estas experiencias y
convertirlas en experiencias positivas posteriores
• Cuando un niño y/o padres experimentan trauma o estrés significativo, el desarrollo neuronal del niño se daña (Schore,94)
Cuando se dan circunstancias, o problemas externos ( muerte parientes, problemas de pareja, económicos….) que impiden que los padres den las respuestas que el niño necesita, o cuando los padres son incapaces de regular sus emociones, el desarrollo neuronal del niño puede resultar dañado.
• Las experiencias tempranas de relación entre el niño y sus cuidadores principales, organizan a nivel neuronal formas de actuar, reacciones que determinan la experiencia sobre lo que nos rodea en la vida. (Cozolino,02)
En la terapia de Integracion del Ciclo Vital el
terapeuta toma el rol que el padre/madre o cuidador, normalmente
proveen en el desarrollo temprano, actuando como un contenedor y un
regulador de las emociones del cliente.
2.- Una sólida conexión de la emoción con el cuerpo.
La investigación reciente a demostrado que es más probable que se den los cambios sinápticos cuando la atención está centrada:
"Los ejercicios pasivos, no atendidos, son de un valor limitado...Los cambios plásticos en las representaciones del cerebro son generados sólo cuando los comportamientos son atendidos de forma específica" (Schwartz y Begley, 2002, p.224).
La conexión con la emoción aumenta la plasticidad neuronal. las redes neuronales son más pláticas cuando los sujetos se sienten estimulados.
3.- Un intercambio de energía y de información entre las mentes del adulto y del niño.
La mente humana se desarrolla interactivamente en respuesta con el ambiente que la persona tiene en la infancia más temprana.
Las experiencias traumáticas que
impactan en la infancia durante el desarrollo temprano pueden tener
efectos profundos y duraderos.
Debido a que la mente se desarrolla de
forma interactiva con el medio, un trauma en la infancia puede afectar
a la forma en que el individuo verá el mundo el resto de su vida. La habilidad del padre/ o
cuidador para mediar en la experiencia del trauma , es crítica en las respuestas neurológicas al trauma,necesitan del adulto para que le ayude a dar sentido a lo que ellos han
experimentado y entonces son capaces de entender estas experiencias y
convertirlas en experiencias positivas posteriores
En la terapia de Integracion del Ciclo Vital el terapeuta toma el rol que el padre/madre o cuidador, normalmente proveen en el desarrollo temprano, actuando como un contenedor y un regulador de las emociones del cliente.
4.- La co-construcción, entre el adulto y el niño, de narraciones autobiográficas.
La co-construccion de la historia vital del paciente a partir de :
- los recuerdos que este aporta de su vida.
- y los conocimientos del terapeuta sobre el desarrollo evolutivo de la persona
La co-construccion se produce cuando los padres
le cuentan al niño/a su
vida: cómo nació, cómo fue su infancia, lo que hizo, le enseñan
fotos... y eso va ayudando a que el niño/a vaya integrando su historia.
Lo que le proporcionará un desarrollo emocional saludable.
Cuando falta el apoyo por parte de los padres, o cuando a los niños se les prohíbe hablar de los hechos traumáticos que han vivido, entonces no llega a darse la óptima integración neuronal.
La óptima integración neuronal significa que: la persona tiene los recursos necesarios para resolver sus circunstancias presentes, sean las que sean, sin desbordarse emocionalmente y en correspondencia a su edad actual.
En la I.C.V. se da una construcción de una narrración autobiaográfica a través del uso de imágenes y de la imaginación activa .
5.- Repeticiones sistemáticas de esas narraciones.
La repetición: Pasar esquemáticamente y de forma repetida y sistemática por la historia vital del paciente, lo cual le ayudará a integrar sus recursos positivos e internos = ( recupera lo que tienen de bueno). Y le ayudará a darse cuenta de forma integral de que el problema ya forma parte del pasado, facilitando la plasticidad neuronal: es decir: Lo que permite a los sistemas neuronales “podar” viejas redes defensivas y crear nuevas redes más útiles y adaptativas.
Linea del tiempo
Así pues, en la Integración del Ciclo Vital, los viajes repetidos a través de la Línea del Tiempo
durante la Integración del Ciclo Vital permiten a los sistemas
neuronales “podar” viejas redes neurológicas defensivas mientras que
crea nuevas redes más útiles y adaptativas.
Usamos la repetición porque es la única forma en que el cerebro produce aprendizaje.
Es importante hacer ese “viaje” en el tiempo, y hacerlo repetidas veces, para “conectar los puntos” y tener un dibujo completo del yo.
A cada distinto estado de ánimo le corresponde un grupo específico de neuronas que se activan juntas. Y cuando una persona se siente como si tuviese una edad más inmadura de la que le corresponde en el momento presente, significa que ese grupo de neuronas se han disparado.
Y cuando hablamos de integración neuronal, nos referimos también a que
dos o más grupos de neuronas se han integrado, y cuando eso se repite
en varias ocasiones, ya siempre se activarán de forma conjuntada, lo
cual da como resultado lo comentado antes:
la persona tiene los recursos necesarios para resolver sus
circunstancias presentes, sean las que sean, sin desbordarse
emocionalmente y en correspondencia a su edad actual.
¿Qué es la Integración de los distintos estados del yo?
En
los estadios más tempranos del desarrollo humano el yo no está
unificado, más bien hay muchos yoes (o “estados del yo”) que se van
desarrollando para responder a condiciones y circunstancias distintas.
Durante el proceso de un desarrollo normal estos yoes se van integrando.
Se cree que la co-construcción de la narración de la vida que los padres hacen con el niños es uno de los factores que les ayudan a conectarse .
Los padres le cuentan al niño/a su vida, cómo nació, cómo fue su infancia, lo que hizo, le enseñan fotos... y eso va ayudando a que el niño/a vaya integrando su unidad de yo a través del tiempo y de su historia, y a Través de los diferentes contextos que ha vivido.
Sin embargo, cuando los niños crecen en un ambiente
de trauma o de abandono, pueden desarrollar distintos “yoes” y
diferentes “estados del yo”.
Cuando falta el apoyo por parte de los
padres, y/o cuando a los niños se les prohíbe hablar de los hechos
traumáticos que han vivido, entonces la co-construcción (la
construcción en conjunto de los padres y los hijos) de la narración de
sus vidas necesaria para la integración neuronal no llega a darse.
En estos niños/as se desarrollan muchos yoes o estados del yo que son
sólo parcialmente integrados y que acaban siendo sostenidos por
sistemas neuronales (redes neuronales) diferentes.
Mucha gente no siente, no experimenta, un yo coherente, unificado, a través de su vida, a través del tiempo, incluso consideran que esta falta de cohesión es normal.
Muchas personas que han sufrido traumas en la infancia tienen unos recuerdos muy escasos de su infancia. A veces son personas crónicamente ansiosas o depresivas.
Otras personas, sin embargo, recuerdan perfectamente su infancia y los traumas vividos, pero se sienten desbordados por emociones negativas cuando algo les recuerda lo que ocurrió entonces.
Otras personas han desarrollado mecanismos para
evitar sus propias emociones y recuerdos negativos, pero esos mismos
mecanismos les impiden tener una vida completa y feliz.
Es como si una parte de la persona todavía estuviera
congelada en el pasado, atrapada en el tiempo, y la persona en tiempo
presente ha intentado olvidarlo, reprimirlo o se siente inundada de vez
en cuando por las emociones que surgieron en aquél momento.
Es necesario que todas las redes neuronales del cerebro compartan la misma información, vivan en tiempo presente.
Muy a menudo la pena sin superar y la incapacidad para dejar el pasado atrás y avanzar hacia delante está en el corazón de gran parte del malestar psicológico.
A veces una persona puede añorar cosas del pasado, no quiere dejar cosas buenas que tuvo (algo tan simple como no querer perder la juventud), o a veces uno quiere conseguir a toda costa la aprobación de los padres que no tuvo en la infancia.
Es como si una parte de nuestro cerebro, de nuestra mente, siguiera siendo niña, aunque ya seamos adultos. ( es como que en algunas áreas de nuestra vida de adultos llevamos las gafas de ver según corresponde a nuestro grado de madurez y edad, y que en otras áreas de nuestra vida, de pronto nos ponemos las gafas de ver con los ojos de aquella niña que fuimos de 3, 5, 8, 14 años, etc. )
Pero si una parte de la persona está en el pasado, hay una parte de uno que está fuera del control del Yo, puede actuar de forma independiente, y puede hacerlo de forma que nos perjudique. En muchas ocasiones la forma de actuar es auto-destructiva y destructiva hacia el entorno .
Esto explica paradojas curiosas: por ejemplo, la abogada que es firme y segura en su trabajo y en el tribunal, pero que aguanta en casa a un marido que la insulta y la humilla.
Si una persona tiene un yo estancado en el pasado, un “yo allí (casa de los abuelos, por ejemplo) entonces (a los 8 años)”, y otro “yo allí (en el colegio) entonces (con 6 años)”, y otro, y otro... ¿cuánta energía, cuánta conciencia, queda para el “yo-aquí-ahora”?
La neurociencia nos muestra que gran parte del cerebro ha evolucionado para defendernos contra un posible peligro. Pero lo que un niño/a de 5 años percibe como peligro puede ya no ser ningún problema para una persona de 40 años, pero sin embargo, la estructura defensiva diseñada por el Sistema Nervioso de 5 años de edad permanece codificada y entra en juego más a menudo que lo que la persona adulta de 40 años se pueda imaginar.
Con la Integración del Ciclo Vital accedemos
a la estrategia defensiva arcaica, se inserta nueva y más actual
información, y se conecta al yo infantil estancado implicado en ese
mecanismo de defensa o de operación, con el yo adulto de la persona.
A
través del uso repetido de la linea del timpo, a través de sucesivas
sesiones, de la Integración del Ciclo Vital, la persona se siente más y
más integrada, dicen que se sienten más sólidas por dentro, más
adultas, más capaces y más competentes.
Estos resultados positivos
se dan en todos los pacientes, y también los pueden notar aquellas
personas que afortunadamente no tienen problemas graves, y que tienen
un alto nivel de funcionamiento y eficacia en sus vidas.
Los
cambios positivos que se producen en la terapia permanecen estables en
el tiempo, lo que podría ser indicio de que han aumentado las
conexiones sinápticas entre redes neuronales anteriormente .
PLASTICIDAD NEURONAL.
Hasta hace poco, la vision predominante entre los neurocientíficos era que el cerebro humano continuaba su desarrollo en la infancia, pero que una vez estaba completado, no había más crecimiento sináptico y seguramente no había más posibilidad de continuar con la neurogénesis.
Ahra hay una amplia evidencia, no solamente de la palsticidad del cerebro, sino tambien de la capacidad del cortex cerebral para reorganizarse a sí mismo. las redes neuronales no son estáticas, sino más bien dinámicas y cambiantes. Los cambios en nuestras experiencias se correlacionan con cambios en nuestros circuitos neuronales, sin embargo, el cambio neuronal es más probable que se dé cuando estamos a nuestras experiencias y cuando nos sentimos atraidos.
La atención aumenta la palsticidad neuronal.
La conexión con la emoción aumenta la plasticidad neuronal. las redes neuronales son más pláticas cuando los sujetos se sienten estimulados. Sin embargo los estados emocionales extremadamente intensos abruman el sistema y causan desbordamiento o disociación. El hecho de volver a experimentar las intensas emociones de un trauma del pasado puede volver a traumatizar el sistema y no contribuye a su curación.
Publicado el 02:55 p.m. en * ICV:Integración Ciclo Vital | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
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BASES NEUROLÓGICAS DE LA ICV
Gracias a los últimos avances de la neurociencia, podemos tener una mejor comprensión del desarrollo neuronal temprano y de como diversos factores en la infancia pueden afectar al desarrollo, de tal manera, que llevarán posteriormente a problemas psicológicos.
El cerebro continúa reorganizándose durante todo el ciclo vital y mantiene la capacidad de cambiar como resultado no sólo de factores experimentados pasivamente, tales como ambientes enriquecidos, sino tambien de cambios en la forma en que nos comportamos y de la manera que pensamos. (Schwartz y Begley, 2002 ).
La integración neuronal es un rasgo importante del desarrollo, por lo que la falta de integración está en la raiz de un ámplio espectro de problemas psicológicos incluyendo problemas en las relaciones, flexibilidad de respuesta, la habilidad de construir una narración autobiográfica coherente y la habilidad adecuada para ser padres. ( Siegel, 1999).
El protocolo de la Integración del Ciclo Vital contiene las condiciones necesarias para que se dé el desarrolo neuronal y la integración neuronal puesto que recrea esas condiciones dentro del marco terapeútico fomentando la integración neuronal en los adultos y en los niños que llegan a nuestra consulta.
Estas condiciones incluyen:
1.- Una relación reciproca y sensible entre el adulto y el niño.
Las investigaciones más actuales en neurociencia afirman que:
• El desarrollo neuronal es un proceso interactivo entre los cuidadores principales y el niño. (Shore,94)
• El desarrollo neuronal óptimo ocurre dentro de un ambiente educativo seguro, positivo y sensible (Schore,94)
Cuando los niños experimentan circunstancias que los desbordan emocionalmente y todavía no tiene capacidad para ponerle palabras, necesitan del adulto para que le ayude a dar sentido a lo que ellos han experimentado y entonces son capaces de entender estas experiencias y convertirlas en experiencias positivas posteriores
• Cuando un niño y/o padres experimentan trauma o estrés significativo, el desarrollo neuronal del niño se daña (Schore,94)
Cuando se dan circunstancias, o problemas externos ( muerte parientes, problemas de pareja, económicos….) que impiden que los padres den las respuestas que el niño necesita, o cuando los padres son incapaces de regular sus emociones, el desarrollo neuronal del niño puede resultar dañado.
• Las experiencias tempranas de relación entre el niño y sus cuidadores principales, organizan a nivel neuronal formas de actuar, reacciones que determinan la experiencia sobre lo que nos rodea en la vida. (Cozolino,02)
En la terapia de Integracion del Ciclo Vital el terapeuta toma
el rol que el padre/madre o cuidador, normalmente proveen en el
desarrollo temprano, actuando como un contenedor y un regulador de las
emociones del cliente.
2.- Una sólida conexión de la emoción con el cuerpo.
La investigación reciente a demostrado que es más probable que se den los cambios sinápticos cuando la atención está centrada:
"Los ejercicios pasivos, no atendidos, son de un valor limitado...Los cambios plásticos en las representaciones del cerebro son generados sólo cuando los comportamientos son atendidos de forma específica" (Schwartz y Begley, 2002, p.224).
La conexión con la emoción aumenta la plasticidad neuronal. las redes neuronales son más pláticas cuando los sujetos se sienten estimulados.
3.- Un intercambio de energía y de información entre las mentes del adulto y del niño.
La mente humana se desarrolla interactivamente en respuesta con el ambiente que la persona tiene en la infancia más temprana.
Las experiencias traumáticas que impactan en la infancia durante
el desarrollo temprano pueden tener efectos profundos y duraderos.
Debido
a que la mente se desarrolla de forma interactiva con el medio, un
trauma en la infancia puede afectar a la forma en que el individuo
verá el mundo el resto de su vida. La habilidad del padre/ o cuidador
para mediar en la experiencia del trauma , es crítica en las respuestas
neurológicas al trauma,necesitan del adulto para que le ayude a dar
sentido a lo que ellos han experimentado y entonces son capaces de
entender estas experiencias y convertirlas en experiencias positivas
posteriores
En la terapia de Integracion del Ciclo Vital el terapeuta toma el rol que el padre/madre o cuidador, normalmente proveen en el desarrollo temprano, actuando como un contenedor y un regulador de las emociones del cliente.
4.- La co-construcción, entre el adulto y el niño, de narraciones autobiográficas.
La co-construccion de la historia vital del paciente a partir de :
- los recuerdos que este aporta de su vida.
- y los conocimientos del terapeuta sobre el desarrollo evolutivo de la persona
La co-construccion se produce cuando los padres
le
cuentan al niño/a su vida: cómo nació, cómo fue su infancia, lo que
hizo, le enseñan fotos... y eso va ayudando a que el niño/a vaya
integrando su historia. Lo que le proporcionará un desarrollo
emocional saludable.
Cuando falta el apoyo por parte de los padres, o cuando a los niños se les prohíbe hablar de los hechos traumáticos que han vivido, entonces no llega a darse la óptima integración neuronal.
La óptima integración neuronal significa que: la persona tiene los recursos necesarios para resolver sus circunstancias presentes, sean las que sean, sin desbordarse emocionalmente y en correspondencia a su edad actual.
En la I.C.V. se da una construcción de una narrración autobiaográfica a través del uso de imágenes y de la imaginación activa .
5.- Repeticiones sistemáticas de esas narraciones.
La repetición: Pasar esquemáticamente y de forma repetida y sistemática por la historia vital del paciente, lo cual le ayudará a integrar sus recursos positivos e internos = ( recupera lo que tienen de bueno). Y le ayudará a darse cuenta de forma integral de que el problema ya forma parte del pasado, facilitando la plasticidad neuronal: es decir: Lo que permite a los sistemas neuronales “podar” viejas redes defensivas y crear nuevas redes más útiles y adaptativas.
Linea del tiempo
Así pues, en la Integración del Ciclo Vital,
los viajes repetidos a través de la Línea del Tiempo durante la
Integración del Ciclo Vital permiten a los sistemas neuronales “podar”
viejas redes neurológicas defensivas mientras que crea nuevas redes más
útiles y adaptativas.
Usamos la repetición porque es la única forma en que el cerebro produce aprendizaje.
Es importante hacer ese “viaje” en el tiempo, y hacerlo repetidas veces, para “conectar los puntos” y tener un dibujo completo del yo.
A cada distinto estado de ánimo le corresponde un grupo específico de neuronas que se activan juntas. Y cuando una persona se siente como si tuviese una edad más inmadura de la que le corresponde en el momento presente, significa que ese grupo de neuronas se han disparado.
Y cuando hablamos de integración neuronal,
nos referimos también a que dos o más grupos de neuronas se han
integrado, y cuando eso se repite en varias ocasiones, ya siempre se
activarán de forma conjuntada, lo cual da como resultado lo comentado
antes:
la persona tiene los recursos necesarios para resolver sus
circunstancias presentes, sean las que sean, sin desbordarse
emocionalmente y en correspondencia a su edad actual.
¿Qué es la Integración de los distintos estados del yo?
En
los estadios más tempranos del desarrollo humano el yo no está
unificado, más bien hay muchos yoes (o “estados del yo”) que se van
desarrollando para responder a condiciones y circunstancias distintas.
Durante el proceso de un desarrollo normal estos yoes se van integrando.
Se cree que la co-construcción de la narración de la vida que los padres hacen con el niños es uno de los factores que les ayudan a conectarse .
Los padres le cuentan al niño/a su vida, cómo nació, cómo fue su infancia, lo que hizo, le enseñan fotos... y eso va ayudando a que el niño/a vaya integrando su unidad de yo a través del tiempo y de su historia, y a Través de los diferentes contextos que ha vivido.
Sin embargo, cuando los niños crecen en un ambiente de trauma o de
abandono, pueden desarrollar distintos “yoes” y diferentes “estados del
yo”.
Cuando falta el apoyo por parte de los padres, y/o cuando a los
niños se les prohíbe hablar de los hechos traumáticos que han vivido,
entonces la co-construcción (la construcción en conjunto de los padres
y los hijos) de la narración de sus vidas necesaria para la integración
neuronal no llega a darse.
En estos niños/as se desarrollan muchos
yoes o estados del yo que son sólo parcialmente integrados y que acaban
siendo sostenidos por sistemas neuronales (redes neuronales)
diferentes.
Mucha gente no siente, no experimenta, un yo coherente, unificado, a través de su vida, a través del tiempo, incluso consideran que esta falta de cohesión es normal.
Muchas personas que han sufrido traumas en la infancia tienen unos recuerdos muy escasos de su infancia. A veces son personas crónicamente ansiosas o depresivas.
Otras personas, sin embargo, recuerdan perfectamente su infancia y los traumas vividos, pero se sienten desbordados por emociones negativas cuando algo les recuerda lo que ocurrió entonces.
Otras personas han desarrollado mecanismos para evitar sus propias emociones y recuerdos negativos, pero esos mismos mecanismos les impiden tener una vida completa y feliz.
Es como si una parte de la persona todavía estuviera congelada en el
pasado, atrapada en el tiempo, y la persona en tiempo presente ha
intentado olvidarlo, reprimirlo o se siente inundada de vez en cuando
por las emociones que surgieron en aquél momento.
Es necesario que todas las redes neuronales del cerebro compartan la misma información, vivan en tiempo presente.
Muy a menudo la pena sin superar y la incapacidad para dejar el pasado atrás y avanzar hacia delante está en el corazón de gran parte del malestar psicológico.
A veces una persona puede añorar cosas del pasado, no quiere dejar cosas buenas que tuvo (algo tan simple como no querer perder la juventud), o a veces uno quiere conseguir a toda costa la aprobación de los padres que no tuvo en la infancia.
Es como si una parte de nuestro cerebro, de nuestra mente, siguiera siendo niña, aunque ya seamos adultos. ( es como que en algunas áreas de nuestra vida de adultos llevamos las gafas de ver según corresponde a nuestro grado de madurez y edad, y que en otras áreas de nuestra vida, de pronto nos ponemos las gafas de ver con los ojos de aquella niña que fuimos de 3, 5, 8, 14 años, etc. )
Pero si una parte de la persona está en el pasado, hay una parte de uno que está fuera del control del Yo, puede actuar de forma independiente, y puede hacerlo de forma que nos perjudique. En muchas ocasiones la forma de actuar es auto-destructiva y destructiva hacia el entorno .
Esto explica paradojas curiosas: por ejemplo, la abogada que es firme y segura en su trabajo y en el tribunal, pero que aguanta en casa a un marido que la insulta y la humilla.
Si una persona tiene un yo estancado en el pasado, un “yo allí (casa de los abuelos, por ejemplo) entonces (a los 8 años)”, y otro “yo allí (en el colegio) entonces (con 6 años)”, y otro, y otro... ¿cuánta energía, cuánta conciencia, queda para el “yo-aquí-ahora”?
La neurociencia nos muestra que gran parte del cerebro ha evolucionado para defendernos contra un posible peligro. Pero lo que un niño/a de 5 años percibe como peligro puede ya no ser ningún problema para una persona de 40 años, pero sin embargo, la estructura defensiva diseñada por el Sistema Nervioso de 5 años de edad permanece codificada y entra en juego más a menudo que lo que la persona adulta de 40 años se pueda imaginar.
Con la Integración del Ciclo Vital accedemos
a la estrategia defensiva arcaica, se inserta nueva y más actual
información, y se conecta al yo infantil estancado implicado en ese
mecanismo de defensa o de operación, con el yo adulto de la persona.
A
través del uso repetido de la linea del timpo, a través de sucesivas
sesiones, de la Integración del Ciclo Vital, la persona se siente más y
más integrada, dicen que se sienten más sólidas por dentro, más
adultas, más capaces y más competentes.
Estos resultados positivos
se dan en todos los pacientes, y también los pueden notar aquellas
personas que afortunadamente no tienen problemas graves, y que tienen
un alto nivel de funcionamiento y eficacia en sus vidas.
Los
cambios positivos que se producen en la terapia permanecen estables en
el tiempo, lo que podría ser indicio de que han aumentado las
conexiones sinápticas entre redes neuronales anteriormente .
PLASTICIDAD NEURONAL.
Hasta hace poco, la vision predominante entre los neurocientíficos era que el cerebro humano continuaba su desarrollo en la infancia, pero que una vez estaba completado, no había más crecimiento sináptico y seguramente no había más posibilidad de continuar con la neurogénesis.
Ahra hay una amplia evidencia, no solamente de la palsticidad del cerebro, sino tambien de la capacidad del cortex cerebral para reorganizarse a sí mismo. las redes neuronales no son estáticas, sino más bien dinámicas y cambiantes. Los cambios en nuestras experiencias se correlacionan con cambios en nuestros circuitos neuronales, sin embargo, el cambio neuronal es más probable que se dé cuando estamos a nuestras experiencias y cuando nos sentimos atraidos.
La atención aumenta la palsticidad neuronal.
La conexión con la emoción aumenta la plasticidad neuronal. las redes neuronales son más pláticas cuando los sujetos se sienten estimulados. Sin embargo los estados emocionales extremadamente intensos abruman el sistema y causan desbordamiento o disociación. El hecho de volver a experimentar las intensas emociones de un trauma del pasado puede volver a traumatizar el sistema y no contribuye a su curación.
Publicado el 11:17 p.m. en * ICV:Integración Ciclo Vital | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
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Esta historia es de un padre Australiano que realizaba año a año el Ironman de Australia, y su mayor ilusión era competir al lado de su hijo dicha prueba, el cual - y por desgracia -nació con parálisis cerebral.
El Australiano nunca vio la situación de su hijo como obstáculo y entrenó muy fuerte - junto con su hijo - por varios años hasta que llego la hora.
El australiano de aproximadamente 60 años inscribió a su hijo y a él mismo al Ironman de Australia.
Esta es una prueba para gente grande... realmente gente con mentalidad ganadora, ejemplar, y con convicciones realmente fuertes, y terminar un Ironman es algo fuera de este mundo.
La prueba está compuesta de tres partes comenzando casi siempre al amanecer:
1.- Nadar en el mar, o lago un tramo de 4 kms (con el frío de la mañana).
2.- Salir de nadar y tomar la bicicleta de ruta y recorrer un trayecto de 180kms ininterrumpidos, con subidas y bajadas muy pesadas.
3.- Terminando la ruta de bicicleta, se termina la prueba con un maratón de 42.5 kms, lo cual es una prueba extremadamente agotadora tanto física pero primordialmente mental.
Los campeones del mundo lo hacen en 8 horas 15 minutos aproximadamente. Una de las personas que compitieron -de procedencia Mexicana - terminó el pasado fin de semana su primer Ironman de Australia con un tiempo de 12 horas 8 minutos ininterrumpidos.
El Australiano -de la historia - lo terminó en un increíble pero cierto tiempo de casi 17horas, donde las autopistas, circuitos, etc. son cerrados para el transito de los lugareños y continuar la vida como cualquier otro día, pero en este caso, al ver la prueba y quien la estaba ejecutando, la dejaron cerrada hasta que la terminaran por completo, al grado que se hizo de noche !Lo mas bonito y sorprendente de esta persona - y las que hacen este tipo de eventos - es que son personas más fuertes mental que físicamente.
Logró terminarlo con su hijo, y realmente es motivador y fuerte. Realmente es un vídeo que impacta, de mucho empuje y que no te puede causar indiferencia.
Publicado el 09:32 a.m. en VIDEOS | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
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Alfred Adler: El Sentido de la Vida (primera parte)
En mi calidad de consejero médico de enfermedades psíquicas y de psicólogo y educador en el seno de escuelas y familias he tenido en mi vida continuas ocasiones de observar un inmenso material humano. Ello me ha permitido mantenerme fiel a la tarea que me impuse de no afirmar en absoluto nada que no pudiera ilustrar y demostrar por experiencia propia. No es de extrañar, pues, que en ocasiones resulten rebatidas por mí opiniones preconcebidas de otros autores que no han tenido la oportunidad de observar, tan intensamente como yo, la vida humana. No obstante, nunca he dejado de examinar, ni por un instante, con serenidad y con calma, las objeciones de los demás, cosa que puedo hacer con tanta más facilidad cuanto que no me considero atado a ningún precepto riguroso ni a prejuicio alguno. Por el contrario, me atengo al principio de que todo puede ocurrir también de distinta manera. Lo singular del individuo no es posible englobarlo en una breve fórmula, y las reglas generales que establecí en la Psicología individual por mí creadas, no aspiran a ser sino simples medios auxiliares susceptibles de proyectar una luz provisional sobre un campo de exploración en el que el individuo concreto puede, o no, ser hallado. Esta valoración de las reglas psicológicas, así como mi acentuada tendencia a adaptarme y a penetrar por empatía (1) en todos los matices de la vida anímica, acentuó cada vez más mi convicción en la libre energía creadora del individuo durante su primera infancia y su correlativa energía posterior en la vida tan pronto como el niño se ha impuesto para toda su vida una invariable ley de movimiento.
Dentro de esta manera de ver, que abre camino libre a la tendencia del niño hacia la perfección, la madurez, la superioridad o la evolución, caben las diversas influencias propias tanto de las aptitudes innatas (comunes a toda la Humanidad o en cierto modo modificadas) como del ambiente y de la educación. Todas estas influencias forman el material de que se sirve el niño para construir, con lúdico arte, su estilo de vida.
Pero estoy asimismo persuadido de que el estilo vital engendrado en la infancia sólo podrá resistir a los embates de la vida a condición de que se halle adecuadamente estructurado sub specie aeternitatis. Y es que se enfrenta a cada paso con quehaceres y problemas totalmente nuevos, que no podrían ser resueltos ni mediante reflejos ensayados (los reflejos condicionados) ni mediante aptitudes psíquicas innatas. Resultaría excesivamente aventurado exponer a un niño a las pruebas del mundo sin más bagaje que el de esos reflejos y esas aptitudes, que nada podrían frente a los problemas constantemente renovados. La más importante tarea quedaría siempre reservada al incesante espíritu creador que, ciertamente, ha de actuar dentro del cauce que le impone el estilo de vida infantil. Por este mismo cauce discurre, también, todo lo que las distintas Escuelas psicológicas han designado con algún nombre: instintos, impulsos, sentimientos, pensamientos, acción, actitud frente al placer y al dolor y, por fin, el amor a sí mismo y el sentimiento de comunidad. El estilo vital recae sobre todas las formas de expresión, el todo sobre las partes. Si algún defecto existe, se manifestará no en la expresión parcial, sino en la ley del movimiento, en el objetivo final del estilo de vida.
Esta noción me ha permitido comprender que toda la aparente causalidad de la vida anímica obedece a la propensión de muchos psicólogos a presentar al vulgo sus dogmas bajo un disfraz mecanicista o fisicista: ora es una bomba de agua la que sirve de término de comparación, ora un imán con sus polos opuestos, ora un animal en grave aprieto que lucha por la satisfacción de sus necesidades más elementales. Con este enfoque poco puede en verdad captarse de las fundamentales diferencias que ofrece la vida anímica del hombre. Desde que incluso la propia Física les ha escamoteado ese concepto de causalidad substituyéndolo por el de una mera probabilidad estadística en el curso de los fenómenos, no hay que tomar en serio los ataques dirigidos contra la psicología individual por negar la causalidad en la esfera del acontecer anímico. Incluso el profano podrá darse cuenta de que las innumerables equivocaciones pueden ser comprensibles como tales, pero no explicables desde un punto de vista causal.
Ahora bien, al abandonar con plena justicia el terreno de la seguridad absoluta en el que tantos psicólogos se mueven, nos quedará una sola medida para aplicar al hombre: su comportamiento frente a los problemas ineludiblemente humanos.
Tres problemas se le plantean a todo ser humano:
la actitud frente al prójimo,
la profesión y
el amor.
Estos tres problemas, íntimamente entrelazados a través del primero, no son ni mucho menos casuales, sino que forman parte del destino inexorable del hombre. Son consecuencia de la correlación del individuo con la sociedad humana, con los factores cósmicos y con el sexo opuesto. De su solución depende el destino y el bienestar de la Humanidad. El hombre forma parte de un todo. Y su valor depende incluso de la solución individual de estas cuestiones, comparables con un problema matemático que necesita ser resuelto. Cuanto más grande es el error, tanto mayores son las complicaciones que acechan a aquel que sigue un estilo de vida equivocado, las cuales sólo faltan aparentemente, mientras la solidez del sentimiento de comunidad del individuo no se pone a prueba. El factor exógeno, la inminencia de una tarea que exige cooperación y solidaridad, es siempre lo que desencadena el síntoma de insuficiencia, la difícil educabilidad, la neurosis y la neuropsicosis, el suicidio, la delincuencia, las toxicomanías y las perversiones sexuales.
Una vez descubierta la incapacidad de convivencia, se nos plantea un nuevo problema, no ya de interés meramente académico, sino de capital importancia para la curación del individuo, a saber: ¿cuándo y cómo quedó interceptado el desarrollo del sentimiento de comunidad? En la búsqueda de antecedentes oportunos tropezaremos con la época de la más tierna infancia y con aquellas situaciones que, según nos dicta la experiencia, pueden perturbar el normal desarrollo. Pero estas situaciones siempre coincidirán con la reacción inadecuada del niño. Al examinar más de cerca estas circunstancias, descubriremos, ora que una intervención justa fue contestada erróneamente, ora que una intervención equivocada fue contestada de la misma manera equivocada, ora -y este caso es mucho menos frecuente- que una intervención equivocada fue contestada bien y normalmente. Descubriremos asimismo que, una vez emprendida, el niño ha mantenido la misma dirección {orientada hacia la superación), sin que contrarias experiencias le hayan desviado de su camino. Educar (en toda la extensión de la palabra) equivale no sólo a ejercer influencias favorables, sino también a examinar cómo se sirve de estas influencias la potencia creadora del niño, para facilitarle un camino de enmienda en el caso de un desenvolvimiento equivocado. Este camino exige en toda circunstancia el incremento del espíritu de colaboración y del interés por los demás.
Una vez haya encontrado el niño su ley de movimiento, en la cual será preciso observar el ritmo, el temperamento, la actividad y, ante todo, el grado de sentimiento de comunidad -fenómenos todos que, a menudo, ya pueden ser reconocidos en el segundo año y en todos los casos en el quinto -entonces todas sus restantes facultades quedarán ligadas, en su naturaleza peculiar, a dicha ley de movimiento. En el presente iibro nos proponemos dilucidar principalmente, la apercepción que el hombre tiene de sí mismo y del mundo que le rodea. En otras palabras: nos proponemos dilucidar la opinión que de sí mismo y del mundo se ha formado, por lo pronto, el niño, y la que -siguiendo la misma dirección- se forma el adulto. Mas esta opinión no nos la dará el examinado ni con sus palabras ni con sus pensamientos. Las palabras y los pensamientos están bajo el dominio de la ley de movimiento, que tiende siempre hacia la superación. Y ni aun en el caso de que el individuo se juzgue a sí mismo, deja de aspirar subrepticamente al encumbramiento. Mayor importancia tiene el hecho de que la forma total de vida -llamada por mí estilo de vida -sea elaborada por el niño en un momento en que todavía no posee un idioma adecuado ni unos conocimientos suficientes. Al seguir creciendo, fiel a este sentido, se desarrolla el niño según la dirección de un movimiento que escapa a la formulación verbal y que, por esta causa, es inatacable por la crítica y se substrae incluso a la crítica de la experiencia.
No se puede hablar aqui de un inconsciente formado mediante la
represión, sino antes bien, de algo incomprendido, de algo que ha
escapado a nuestra comprensión. Pero todo hombre habla un idioma
perfectamente comprensible para el iniciado, con su propio estilo de
vida y con su actitud frente a los problemas vitales, que no pueden
resolverse sin sentimiento de comunidad.
Por lo que se refiere a la opinión que el individuo tiene de sí mismo y
del mundo exterior, el mejor medio de inferirla será partir del sentido
que descubre en la vida y del que da a la suya propia. Evidentemente,
es aquí donde mejor puede traslucirse una posible disonancia con un
sentimiento de comunidad ideal, con la convivencia, con la colaboración
y con la solidaridad humanas.
Ahora podemos comprender ya la importancia de aprender algo acerca del
sentido de la vida y acerca de lo que los individuos interpretan por
tal. Si existe un conocimiento, siquiera parcialmente aceptable, del
sentido que nuestra vida pueda tener, fuera de nuestras experiencias
empíricas, claro es que quedará refutada la posición de aquellos que
están en manifiesta contradicción con él.
Como se ve, el autor no aspira más que a un resultado parcial e
inicial, confirmado de sobras por su propia experiencia. Se entrega a
esta tarea con tanto mayor gusto cuanto que le seduce la esperanza de
que un conocimiento relativamente claro del sentido de la vida no sólo
servirá de programa científico para ulteriores investigaciones, sino
que también contribuirá a que aumente considerablemente el número de
aquellos que, al familiarizarse con dicho sentido, se lleguen a
identificar con él.
CAPÍTULO I
NUESTRA OPINIÓN ACERCA DE NOSOTROS MISMOS Y DEL MUNDO
Acuerdo
entre la opinión y la conducta. El error de la generalización
prematura. El plan de vida que antecede a la aparición del lenguaje.
Analogía entre conducta animal y neurótica. Desconocimiento del propio
estilo de vida. Psicologías de la posesión y del uso. Valor limitado de
las reglas. La opinión del niño mimado y la del niño poco amado. Graves
consecuencias de la opinión errónea. Resistencia de la opinión
neurótica a los shocks anímicos.
No cabe, a mi entender, la menor duda de que toda persona se conduce en la vida como si poseyera una opinión determinada sobre sus propias energías y facultades, como si, al emprender una acción cualquiera, tuviese una idea clara de las facilidades o dificultades que dicha acción podrá ofrecerle. En una palabra que su conducta nace de su opinión. Esto no debe sorprendernos, puesto que a través de nuestros sentidos no logramos captar los hechos del mundo circundante, sino una representación muy subjetiva, un lejano reflejo. Omnia ad opinionem suspensa sunt. Esta frase de Séneca debiera tenerse presente en toda investigación psicológica. Nuestra opinión sobre los hechos importantes y trascendentales de la existencia depende de nuestro estilo de vida. Sólo al chocar directamente con hechos susceptibles de contradecir la opinión que de ellos nos habíamos formado, nos mostramos dispuestos a corregir, siquiera sea parcialmente, nuestro parecer. Nos dejamos influir en estos casos por la ley de la causalidad, sin modificar notablemente la opinión general que nos hemos formado respecto de la vida. De hecho, la reacción experimentada por nosotros frente a una serpiente que nos saliese al paso sería en absoluto idéntica tanto si se tratase de una serpiente venenosa como si sólo la creyésemos tal.
El niño mimado, al dejarle su madre solo en casa, se comporta en su angustia del mismo modo tanto si se halla frente a ladrones verdaderos como si sólo teme encontrarse con ellos. En todo caso, perseverará en su opinión fundamental de que no puede prescindir de la presencia de la madre, aun cuando los hechos demuestren lo infundado de su miedo. Una persona que, padeciendo agorafobia, evita salir a la calle, porque tiene el sentimiento y la opinión de que el suelo tiembla bajo sus pies, no se conduciría de otra manera, teniendo buena salud, si el suelo temblara realmente a su paso. El atracador a quien repugna el trabajo útil porque, no preparado para la colaboración social, considera erróneamente más fácil el robo, demostraría la misma repugnancia por el trabajo si éste fuese realmente más fácil que el crimen. El suicida parece convencido de que la muerte es preferible a la vida que ya no le brinda, a su modo de ver, ninguna esperanza; de manera semejante actuaría si la vida estuviera verdaderamente desprovista de toda esperanza. El toxicómano halla en el tóxico un alivio que él estima en más que la honrosa solución de sus problemas vitales. No observaría otra conducta si ello fuese realmente así. Al homosexual no le atraen las mujeres, a las cuales teme, mientras que le seduce el hombre, cuya conquista se le antoja un triunfo. Todos parten de una opinión que, si fuera exacta, haría aparecer su conducta como la verdaderamente adecuada a las circunstancias.
Examinemos
el caso siguiente. Un abogado de treinta y seis años perdió todo gusto
por su profesión. No alcanzaba éxito alguno, y atribuía su fracaso al
hecho de producir mal efecto a los pocos clientes que le visitaban.
Siempre le había costado mucho abrir su alma a los demás y se mostraba
habitualmente tímido, particularmente ante las muchachas. Su
matrimonio, que llegó a contraer tras largas vacilaciones y casi a su
pesar, terminó, transcurrido un año, con el divorcio. Ahora vive
retraído por completo del mundo, junto a sus padres, que deben
atenderle en casi todas sus necesidades.
Es hijo único y había sido
mimado de un modo increíble por su madre, que constantemente se ocupaba
de él. Esta señora consiguió persuadir a su padre, y al mismo hijo en
su infancia, de que éste llegaría a ser algún día un hombre
sobresaliente. El niño fue creciendo con esta esperanza, que pareció
confirmada, al principio, por sus brillantes éxitos escolares. La
masturbación se inició en él muy precozmente, como suele acontecer en
los niños mimados incapaces de renunciar a ningún deseo. El vicio llegó
a apoderarse tanto de él, que le convirtió muy pronto en blanco de las
burlas de sus condiscípulas y amigas. Esto fue causa de que se apartara
por completo de ellas, entregándose en su aislamiento a triunfales
fantasías sobre el amor y sobre el matrimonio. La única persona por la
cual sentía atracción era su madre, a quien llegó a dominar
completamente, y a la que incluso hizo objeto, durante mucho ticmpo, de
sus fantasias sexuales.
En este caso se confirma con bastante elocuencia que el pretendido complejo de Edipo no es un fenómeno básico, sino más bien un pésimo producto artificial del excesivo mimo de la madre y que se pone más de manifiesto cuando el niño o muchacho se siente, en su extraordinaria vanidad, burlado por las chicas y carece de suficiente sociabilidad para buscarse otras relaciones. Poco antes del término de sus estudios y ante la necesidad casi apremiante de tener que ganarse la vida, enfermó nuestro joven de melancolía, es decir, se batió una vez más en retirada. Había sido siempre un niño miedoso, como lo son todos los niños mimados; rehuía el trato con personas extrañas y, más tarde, incluso con sus propios compañeros de uno y otro sexo. Ahora rehuía también su profesión, actitud que, en forma un tanto moderada, ha persistido hasta la actualidad.
Me limitaré a estos datos principales, pasando por alto los numerosos acordes de acompañamiento: los motivos, los pretextos y las excusas, y todos los demás sintomas morbosos con que trataba de asegurar su retirada. Una cosa es patente: que tal individuo nunca había cambiado su estilo de vida. En todo quería ser el primero y siempre se batía en retirada, en cuanto se le antojaba dudoso el éxito. Para sintetizarla en una sola frase, podríamos formular como sigue su opinión sobre la vida (tal como la adivinamos nosotros, pues él no hubiera llegado nunca a tener conciencia de ella): Puesto que el mundo se opone a mi triunfo, me retiro. Es innegable que como persona que ve su propia perfección en el triunfo sobre los demás, ha obrado correcta e inteligentemente. En la ley de vida que se había impuesto a sí mismo, no encontramos lo que se llama razón o sentido común, y sí, en cambio, lo que nosotros denominamos inteligencia privada. Una persona a la que la vida hubiera realmente negado todo valor, difícilmente podría actuar de otra manera.
Muy parecido, aunque con otra forma de expresión y una tendencia menos pronunciada hacia el aislamiento, es el caso siguiente: Un individuo de unos veintiséis años había crecido junto a dos hermanos por quienes la madre parecía mostrar más preferencia. Nuestro hombre seguía con celosa atención los notables éxitos de su hermano mayor, no tardando en adoptar una actitud crítica frente a la madre y en buscar un apoyo en el padre. (Tal orientación representa siempre una segunda fase en la vida de un niño). Su aversión a la madre se hizo pronto extensiva a todo el sexo femenino, y ello debido a las insoportables costumbres de la abuela y de la nana. Su ambición de dominar sobre otros hombres y de no ser dominado por ninguna mujer, creció de un modo extraordinario. Trató, por todos los medios, de atajar la superioridad de su hermano. Como éste le excedía en fuerza física, en la gimnasia y en la caza, llegó a detestar los ejercicios corporales, que excluyó por completo de la esfera de sus actividades, exactamente de la misma manera como había empezado por excluir a las mujeres. No le atraían sino aquellas actividades que le proporcionaban una sensación de triunfo. Durante cierto tiempo amó y admiró a una muchacha, pero sólo a distancia, lo que sin duda no fue del agrado de ésta, que acabó por otorgar sus favores a otro pretendiente. El hecho de que su hermano mayor viviera dichoso en su matrimonio, le llenó de temor de no llegar a ser nunca tan feliz y de desempeñar un papel inferior a los ojos del mundo, análogamente a lo que le había ocurrido con su madre durante la infancia. Un solo ejemplo bastará para demostrar cuánto ansiaba disputar a su hermano el primer puesto. Cierto día su hermano trajo a casa, al regreso de una cacería, una valiosa piel de zorro de la que mostróse muy ufano; pues bien, nuestro amigo cortó a escondidas la blanca punta de la cola para malograr así el triunfo del otro. Sus impulsos sexuales se encaminaron forzosamente en el único sentido que aún le era viable después de excluir de su vida a las mujeres; su actividad relativamente intensa dentro de un reducido marco de posibilidades le llevó inevitablemente al homosexualismo. No era difícil descifrar su opinión del sentido de la vida: Para mí, vivir quiere decir que, en todo cuanto emprenda, he de ser el primero. Para lograr esta pretendida superioridad iba excluyendo de su vida todas aquellas actividades cuya realización triunfal no le parecía de antemano segura. El descubrimiento de que, en sus relaciones homosexuales, también el otro se atribuía la victoria fundándola en su mágico poder de atracción, fue el primer amargo descubrimiento que efectuó en el curso de nuestras conversaciones.
También en este caso se puede afirmar que la inteligencia privada ha funcionado de modo impecable y que la mayoría de los seres humanos seguiría parecidos rumbos si, en general, las mujeres rechazaran realmente a los hombres. La gran inclinación a generalizar constituye, de hecho, un error básico, extraordinariamente frecuente en la estructuración del estilo de vida.
El plan de vida y la opinión se complementan mutuamente. Uno y otro arraigan en un período de la vida en que, si bien el niño es aún incapaz de formular en palabras y conceptos claros las conclusiones que extrae de sus vivencias, no lo es para empezar a desarrollar formas más generales de conducta partiendo de conclusiones informuladas, de vivencias a menudo triviales o de inexpresadas experiencias intensamente emocionales. Estas conclusiones generales y sus correspondientes tendencias, aunque formadas en un período en que el niño carece de palabras y conceptos, no dejan de ejercer una activa influencia sobre los ulteriores periodos de la vida, cuando el sentido común interviene ya más o menos correctivamente a fin de evitar que el adulto se apoye demasiado en reglas, frases y principios. Como más adelante veremos, la emancipación de estos exagerados intentos de apoyo y de afianzamiento -expresiones de una intensa sensación de inseguridad e insuficiencia- se debe al sentido común, secundado por el sentimiento de comunidad (Gemeinschaftsgefühl). La observación siguiente (que puede hacerse con frecuencia) nos demostrará que incluso en los animales podemos encontrar el mismo desenvolvimiento defectuoso. Un perro joven fue enseñado a seguir a su amo por la calle. Estaba ya bastante adiestrado en este cometido cuando un día se abalanzó contra un automóvil en marcha y fue arrojado a un lado sin sufrir daño alguno. Esto constituyó seguramente una experiencia excepcional, frente a la cual el perro no disponía de ninguna respuesta instintiva. Resulta difícil hablar de un reflejo condicionado para explicar el hecho de que el perro en cuestión continuase haciendo progresos en su adiestramiento, pero evitando a toda costa el lugar en que el accidente se había producido. No tenía miedo a la calle, ni a los vehículos, sino al lugar del accidente, y así llegó a una conclusión general parecida a la que en algunos casos establecen ciertos seres humanos: El responsable del accidente es el lugar y no el propio descuido o inexperiencia. Y, en tal lugar, siempre amenaza algún peligro.
Tanto el perro como las personas que proceden de manera análoga perseveran en su opinión, porque, con esto, consiguen por lo menos una cosa: no volver a sufrir daño ni perjuicio en aquel lugar. Muy a menudo en la neurosis hallamos figuraciones semejantes, mediante las cuales intenta el hombre protegerse contra una posible derrota o contra una disminución de su sentimiento de personalidad, aceptando y explotando un síntoma -físico o psíquico- originado por su excitación emocional ante un problema que, equivocadamente, ha juzgado insoluble. Con esto se justifica para poder batirse en retirada.
Es evidente que lo que en nosotros influye no son los hechos concretos, sino tan sólo nuestra opinión sobre ellos. Nuestra mayor o menor seguridad de que nuestras opiniones corresponden a los hechos reales, radica por completo y más aún en los niños inexpertos o en los adultos asociales- en la propia experiencia, siempre insuficiente, así como en la falta de contradicción entre nuestras opiniones y en el resultado de las acciones que de ellas se derivan. Es fácil comprender que estas opiniones son frecuentemente insuficientes, sea porque el sector de nuestra actividad resulta limitado, sea porque los pequeños errores y contradicciones suelen ser eliminados sin esfuerzo y hasta con el auxilio de nuevas faltas que remedian mejor o peor las anteriores, todo lo cual contribuye a mantener, de un modo permanente, el emprendido plan de vida. Únicamente los fracasos mayores obligan a reflexionar con mayor agudeza. Pero esto sólo da resultados positivos en aquellas personas que, sin objetivos fijos de superioridad, aspiran a resolver los problemas de la vida en fraternal comunidad con los demás hombres.
Así llegamos a la conclusión de que cada individuo tiene su opinión acerca de sí mismo y acerca de las tareas de la vida; de que obedece a un plan de vida y a una determinada ley de movimiento, sin que él mismo se dé cuenta de ello. Esta ley de movimiento se origina en el ámbito limitadísimo de la niñez y se desenvuelve dentro de un margen de elección relativamente amplio mediante la libre disposición -no limitada por ninguna acción matemáticamente formulable- de las energías congénitas y de las impresiones del mundo circundante. La orientación y explotación de los instintos, impulsos e impresiones del mundo circundante y de la educación es la obra de arte del niño, que no ha de ser interpretada desde el punto de vista de una psicología de posesión (Besitzpsychologie), sino de una psicología de uso o de utilización (Gebrauchspsychologie). El hallazgo de tipos, analogías y coincidencias es, por lo general, o un producto de la pobreza del idioma humano -incapaz de expresar fácilmente las diferencias de matiz que siempre existen-, o el resultado de una probabilidad estadística. Su aparición no debe en ningún caso servir de pretexto para establecer reglas que nunca pueden proporcionarnos la comprensión del caso concreto, sino a lo sumo proyectar cierta luz en el campo dentro del cual es preciso encontrar el caso concreto en su individualidad. La comprobación de un sentimiento de inferioridad muy acusado, por ejemplo, no nos dice aún nada acerca de la índole y de las características de un caso concreto, ni mucho menos nos indica la más minima deficiencia en la educación recibida o en las relaciones sociales. En la conducta del individuo frente al mundo que le rodea, se presentan siempre en forma distinta, como fruto de la conjunción entre la fuerza creadora del niño y la opinión que de ella depende, siempre distinta en el plano individual.
Unos cuantos ejemplos esquemáticos servirán para aclarar lo que llevamos dicho. Un niño que sufra desde su nacimiento molestias gastrointestinales -a causa, por ejemplo, de una minusvalía congética del aparato digestivo- y que, sin embargo, no recibe la alimentación adecuada -lo que quizá no pueda lograrse nunca con una perfección ideal-, fácilmente sentirá un especial interés por la alimentación y por todo cuanto esté relacionado con ella (véase Alfred Adler, Studie über Minderwertigkeit der Organe und ihre seelische Kompensation, Estudio sobre las minusvalías orgánicas y su compensación psíquica). Su opinión acerca de sí mismo y acerca de la vida está, por consiguiente, más íntimamente ligada con el interés por la alimentación, combinado, más tarde, con el interés por el dinero, una vez reconocida la relación entre ambas cosas, lo cual, como es lógico, debe ser estrictamente comprobado en cada caso particular.
Un niño a quien la madre haya evitado todo esfuerzo desde los comienzos de su vida, esto es, un niño mimado, muy raras veces se mostrará dispuesto a poner sus cosas en orden por sí solo. Y esto, con otros síntomas paralelos, nos autoriza a decir que el niño en cuestión vive en la opinión de que todo deben hacerlo los demás. En este caso, como en los demás que seguiremos enumerando, no puede ser emitido un juicio certero sino tras muy amplias comprobaciones. En el niño a quien se facilite desde su tierna infancia, ocasión para imponer su voluntad a sus padres, no será difícil adivinar el propósito de querer dominar siempre en la vida a todos los demás. Mas esta opinión, a tropezar, como suele ocurrir, con experiencias opuestas en el mundo exterior, dará lugar a que el niño acuse una actitud vacilante frente al medio ambiente (véase Alfred Adler, Praxis und Theorie der Individualpsychologie, Teoría y práctica de la Psicología Individual, Bergmann, Munich, 4a. edic.) y a que circunscriba todos sus deseos -a veces incluso sexuales -al recinto de su propia familia, sin llevar a cabo la oportuna corrección en el sentido del sentimiento de comunidad. Un niño que, desde sus primeros años, sea educado en un amplio espíritu de colaboración y en la medida de su capacidad, intentará la solución de todos los problemas de la vida de acuerdo con su opinión acerca de la verdadera vida social -siempre que no se halle en presencia de tareas sobrehumanas (2).
Así podrá ocurrir que una niña cuyo padre sea injusto y descuide a su familia, forme la opinión de que todos los hombres son iguales, sobre todo si se añaden a las vivencias habidas con el padre otras análogas, experimentadas en el trato con un hermano, con parientes, vecinos o, sencillamente, en la lectura de novelas. Otras experiencias de orden contrario apenas tienen ya importancia, si la primera opinión tiene cierto arraigo. Si a un hermano se le destina a estudios superiores o a una carrera importante, este solo hecho podrá conducir a la opinión de que las niñas son incapaces de recibir una cultura superior, o de que son excluidas de participar en ella. Si uno de los niños de una familia se siente postergado o desatendido, esto puede conducirle a una intimidación cada vez mayor, como si quisiera decir con su actitud: Está visto que siempre tendré que ser el último. Pero puede ocurrir, asimismo, que caiga en una enfermiza ambición que le empuje irresistiblemente a superar a los demás y a no permitir que nadie sobresalga. Una madre que mime con exceso a su hijo puede dar lugar a que él se forme la opinión de que para convertirse en personaje principal le bastará sólo con quererlo, sin necesidad de obrar en consecuencia. Si, en cambio, la actitud de la madre frente al niño es de constante censura y de inmotivadas reprimendas, quizá acompañadas de la preferencia por otro hijo, el niño en cuestión mirará más tarde con desconfianza a todas las mujeres, lo cual puede tener innumerables repercusiones. Si un niño es víctima de numerosos accidentes o enfermedades, puede ocurrir que desarrolle, sobre la base de tales vivencias, la opinión de que el mundo está poblado de peligros y que se conduzca de acuerdo con ella. Lo mismo puede suceder, aunque con matices diferentes, si la tradición familiar impone al niño una actitud de desconfianza y de miedo frente al mundo.
Es evidente que estas mil diversas opiniones pueden estar en flagrante contradicción con la realidad y con sus exigencias sociales. La opinión equivocada de una persona acerca de sí misma y de las exigencias de la vida, tropezará más tarde o más temprano con la insoslayable realidad, que exige soluciones que estén en armonía con el sentimiento de comunidad. Los efectos de un choque tal pueden ser comparables a los de un shock nervioso. Mas no por ello quedará desvanecida o corregida la opinión del equivocado reconociendo que su estilo de vida no resiste suficientemente a las exigencias del factor exógeno. La tendencia hacia la superioridad personal sigue imperturbablemente su camino y no le queda al individuo más recurso que limitarse a un área más pequeña, excluir de su existencia el peligro que amenaza con hacer fracasar su estilo de vida y abandonar esa tarea para cuya solución no halla en su ley de movimiento la necesaria preparación. Pero, en cambio, el efecto del shock se manifiesta lo mismo en lo psíquico que en lo corporal. Desvaloriza los últimos restos del sentimiento de comunidad y engendra en la vida todo ese imaginable género de fracasos que derivan de las continuas retiradas a que el shock obliga al individuo -como ocurre siempre en las neurosis-. Si todavía queda en él un asomo de actividad, que en ningún modo significa arrojo, hará que se deslice por senderos antisociales. Con todo, es evidente que la opinión constituye la base de la idea que el hombre se forma del mundo y determina su pensar, su querer, su obra y su sentir.
CAPÍTULO II
MEDIOS Y CAMINOS PSICOLÓGICOS PARA LA EXPLORACIÓN DEL ESTILO DE VIDA
Ojeada
sobre la evolución histórica de la psicología. Capacidad psicológica y
sentimiento de comunidad. Necesidad de la adivinación. Importancia del
Psicoanálisis. Fases de la mitología freudiana. El Psicoanálisis
derivado de la concepción del mundo de los niños mimados. El ideal de
comunidad humana como meta de la evolución. El punto de vista de los
valores en la Psicología individual. El método de la psicología
experimental y el de la Psicología individual. Fenómenos más
ilustrativos para la Psicología individual.
Para averiguar la opinión individual frente a los problemas de la vida y, mayormente, para descubrir el íntimo sentido que ésta se digne revelarnos, no podemos rechazar a limine ningún medio ni ningún camino. La opinión del individuo sobre el sentido de la vida no es asunto desdeñable, ya que en última instancia determina todo su pensar, sentir y obrar. Ahora bien, el auténtico sentido de la vida se hace patente en la inevitable resistencia contra la que choca el individuo cuando obra equivocadamente. Entre estos dos términos se extiende la tarea de la educación, la formación y la curación.
El conocimiento del carácter individual se remonta a lejanos siglos. Para no mencionar sino unos cuantos datos, recordaremos que en las descripciones históricas y personales de los pueblos de la Antigüedad, en la Biblia, en Homero, en Plutarco, en la totalidad de los poetas griegos y romanos, en los mitos, cuentos, leyendas y tradiciones, observamos una brillante comprensión del conocimiento de la personalidad humana. Hasta en los tiempos modernos fueron, ante todo, los poetas los que con más éxito lograron rastrear el estilo de vida de un ser dado. Lo que aumenta sobremanera nuestra admiración por la obra de éstos es su capacidad de hacer vivir, morir y actuar al hombre como totalidades indivisas en estrecho contacto con los problemas de su círculo vital. Es indudable que ha habido también gente humilde que, con un superior conocimiento del hombre, transmitió su experiencia a la posteridad. Lo que distinguió a esos hombres -así como a los grandes genios en el conocimiento de la humanidad -fue, sin duda alguna, la profunda visión que tuvieron acerca de la correlación de los resortes instintivos en el ser, virtud que solamente pudo desarrollarse en ellos merced a su identificación con la comunidad y su gran interés por la humanidad en general.
Su mayor experiencia, su mejor comprensión, su visión más profunda fueron la recompensa a su hondo sentimiento de comunidad. Esa facultad de describir la incalculable multiplicación de los movimientos de expresión, de hacerlos comprensibles a todos sin necesidad de recurrir al auxilio de medios tangibles, se debe siempre al don de la adivinación, consustancial con ellos. Sólo de esta manera se explica que hayan podido descubrir lo que se oculta detrás y entre las mallas de ese tupido cañamazo que forman los movimientos de expresión: la ley de movimiento que rige al individuo. Son muchos los que denominan a este don especial intuición porque suponen que está reservado tan sólo a los espíritus privilegiados; pero, en realidad, es el más humano de los dones y hacemos uso incesante de él para orientarnos en medio del caos de la vida y ante lo insondable del futuro.
Puesto que cada problema que se nos plantea -por pequeño o grande que sea- es siempre distinto y siempre nuevo, seríamos víctimas de constantes errores si nos viéramos obligados a resolverlo conforme a un esquema tan rígido como son, por ejemplo, los reflejos condicionados. La permanente diversidad de los problemas plantea a los seres humanos exigencias siempre renovadas, poniendo continuamente a prueba su conducta ya de antemano ejercitada. Ni siquiera en el juego de naipes podríamos salir airosos si obráramos por reflejos condicionados. Sólo el acierto en la adivinación nos permite dominar los problemas. Pero esta adivinación es propiedad ante todo del hombre que participa en el juego y que se identifica con el prójimo; del hombre que tiene verdadero interés en la feliz solución de todos los problemas de la humanidad, que mira como cosa propia el futuro de todo acontecer humano, y le atrae por igual tanto si se trata de la historia de la humanidad como de la suerte de un solo individuo.
La Psicología fue un arte inocente hasta que se incorporó a la Filosofía. De ésta y de la Antropología (3) de los filósofos brotaron las raíces del conocimiento científico del hombre. En las diversas tentativas por ordenar todo fenómeno dentro de una amplia ley universal no podía quedar excluido el individuo aislado. La aceptación de la unidad de formas individuales de expresión quedó sentada como verdad inconmovible. La transposición de la naturaleza humana de las leyes que rigen los restantes fenómenos se hizo según puntos de vista distintos, y la insondable y desconocida fuerza orientadora fue buscada : por Kant, Schelling, Hegel, Schopenhauer, Hartmann, Nietzsche y otros bajo la forma de una fuerza impulsora instintiva, llamada ley moral, voluntad, voluntad de poder o inconsciente. Con la aplicación de leyes generales al acontecer humano quedó la introspección entronizada. Los hombres estaban llamados a declarar alguna cosa acerca del acontecer de su conciencia y de todo cuanto la acompaña. Sin embargo, este método no prevaleció por mucho tiempo. No tardó en caer en justificado descrédito, porque no es posible atribuir al hombre el poder de emitir juicios objetivos sobre sí mismo.
Los albores de una época de tecnicismo llevaron el método experimental a su apogeo. Con la ayuda de aparatos y de interrogatorios cuidadosamente preparados se elaboraron pruebas para examinar las funciones sensoriales, la inteligencia, el carácter y la personalidad. Pero con esto se perdía la visión de la personalidad en su conjunto, o sólo podía ser obtenida en parte por adivinación. La ciencia de la herencia, que se desarrolló poco después, desdeñó a su vez todos los resultados obtenidos, complaciéndose en demostrar que todo depende de la posesión de aptitudes y no de su empleo. La doctrina de la influencia de las glándulas de secreción interna apuntaba en la misma dirección, basándose en casos especiales de sentimientos de inferioridad por minusvalías orgánicas y su compensación.
La Psicología alcanzó un verdadero renacimiento con la creación del Psicoanálisis. Éste tiene empero, el inconveniente de haber resucitado, bajo apariencias científicas, antiguos conceptos mitológicos. Así, la libido sexual desempeña el oficio de omnipotente guía del destino humano. Los horrores del Infierno están representados por el inconsciente, y el pecado original por el sentimiento de culpabilidad. El olvido del Cielo fue reparado más tarde mediante la creación del Ideal del yo, inspirado en el concepto descrito por la Psicología individual, de una finalidad ideal de perfección. De todos modos, debemos reconocer que el Psicoanálisis freudiano representó un esfuerzo considerable encaminado a leer entre las líneas de la conciencia, un paso adelante en el descubrimiento del estilo de vida, sin que este lejano objetivo hubiera sido, sin embargo, reconocido con claridad por Freud, quien se perdió en el laberinto de sus metáforas sexualizantes. Además, el Psicoanálisis se inspiraba en exceso en el estudio del mundo de los niños mimados, en el cual había quedado aprisionado, de tal modo, que la contextura anímica se le apareció siempre como un mero reflejo de este tipo, dejando en la penumbra la verdadera estructura psicológica de estos casos, que sólo puede ser comprendida como aspecto parcial de una ley de movimiento evolutivo. Su pasajero éxito debióse a la gran propensión del sinnúmero de personas mimadas a aceptar dócilmente el valor humano universal de las concepciones arbitrarias del Psicoanálisis freudiano, al ver confirmado y fortalecido en ellas su propio estilo de vida. La técnica del Psicoanálisis estaba encaminada a poner de relieve, con paciente energía, la íntima relación de la libido sexual con los movimientos expresivos y los síntomas, y a hacer derivar los actos humanos de un impulso sádico inherente al hombre. Es mérito exclusivo de la Psicología individual el haber puesto en claro que este último fenómeno no es más que el producto artificialmente cultivado del resentimiento de unos niños mimados. Sin embargo, se encuentran en el Psicoanálisis huellas de reconocimiento y de aproximación a nuestro aspecto evolutivo. Esto, no obstante, de una manera errónea y con el consabido pesimismo freudiano, que se refleja en la idea del deseo de muerte como finalidad última de la existencia, y en la espera, no de una adaptación activa, sino de un morir lento basándose en la segunda ley fundamental de Física, siempre problemática.
Nuestra Psicología individual se coloca decididamente en el terreno de la evolución (véase el ya citado Estudio sobre minusvalías orgánicas), y a la luz de ella considera todo anhelo humano como una tendencia hacia la perfección. El impulso vital está ligado de un modo irreductible, tanto física como psíquicamente, a dicha tendencia. Toda forma de expresión psíquica aparece, pues, a nuestro entendimiento, como un movimiento que conduce de una situación de minus a una situación de plus. El cauce, la ley de movimiento que, con la relativa libertad en el empleo de sus facultades innatas, se señala a sí mismo el individuo al comienzo de su vida, son completamente distintos para cada hombre en cuanto a su tempo, ritmo y orientación. En su incesante cotejo con la perfección ideal inasequible, se halla el individuo constantemente poseído e impulsado por un sentimiento de inferioridad. Podemos afirmar que sub specie aeternitatis y desde el punto de vista ficticio de una absoluta perfección no hay ley de movimiento humano que no sea errónea.
Toda época de civilización se forma este ideal dentro del ámbito de sus ideas y sentimientos. Hoy, como siempre, sólo en el pasado podemos descubrir el nivel actual de la humana capacidad de concepción de ideales semejantes, y es justo que admiremos esa capacidad de concepción que supo establecer ideales básicos de convivencia humana para un imprevisible período de tiempo. Es casi imposible que el no maltarás o el ama a tu prójimo puedan ya desaparecer del saber y del sentir humanos, como instancias supremas. Éstas y otras normas de conciencia (resultantes de la evolución de la humanidad y tan vinculadas a su naturaleza como el respirar o el andar sobre los pies) pueden ser comprendidas en la idea de una comunidad perfecta entre los hombres que aquí, desde un punto de vista meramente científico, se considera como motor y meta de la evolución. Éstas son las normas que sirven a nuestra Psicología individual de hilo conductor, como punto de apoyo, para estimar justos o erróneos los restantes objetivos y formas de conducta opuestos a la evolución. En este punto, la Psicología individual se transforma en una Psicología estimativa, como la ciencia médica, propulsora de la evolución, que en sus investigaciones y comprobaciones es ciencia estimativa, en virtud de sus continuos juicios de valor.
El sentimiento de inferioridad, la tendencia hacia la superación y el sentimiento de comunidad son los pilares básicos de la investigación psicológico-individual. Estos pilares son imprescindibles tanto para el estudio de un individuo aislado como para el estudio de una masa. Es posible que al interpretarlos nos equivoquemos o caigamos en bizantinismos, pero es imposible ignorarlos. El examen de una personalidad no será correcto si no son tomados estos hechos en consideración, si no se obtiene una clara visión de cuanto concierne al sentimiento de inferioridad, a la tendencia hacia la superación y al sentimiento de comunidad.
Pero del mismo modo que anteriores civilizaciones han eliminado bajo el imperativo de la evolución falsas representaciones y caminos erróneos, así debe también el individuo eliminarlos. La construcción intelectual y, al propio tiempo, emocional de un estilo de vida en el curso de la evolución, es obra de la infancia. La noción de fuerza la adquiere el niño de un modo emocional y sólo aproximado a través de su capacidad de rendimiento en el seno de un ambiente muy poco neutral y que sólo imperfectamente representa la primera escuela de la vida. Basándose en una impresión subjetiva y guiado muy a menudo por ciertos éxitos y fracasos de escasa significación, el niño se traza el camino, el objetivo y la imagen de la posición que desea alcanzar en el futuro. Todos los recursos de la Psicología individual que han de permitir la comprensión de la personalidad respetan la opinión del individuo sobre el objetivo de la superioridad, la intensidad de su sentimiento de inferioridad y el grado de su sentimiento de comunidad. Estudiando más detenidamente la relación entre estos factores se verá que todos ellos representan la naturaleza y el grado de este sentimiento. La prueba se efectúa como en psicología experimental o en el examen funcional de un caso médico. Sólo que aquí es la vida misma la que efectúa la prueba, con lo que se pone de relieve la profunda vinculación del individuo con las grandes cuestiones vitales. Y es que, en efecto, la totalidad del individuo no puede estudiarse aisladamente de su relación con la vida o, mejor dicho, con la sociedad. La posición del hombre frente a la sociedad revela su estilo de vida. De ahí que el examen experimental que no atiende sino a lo sumo a limitados aspectos de la vida, nada puede decirnos acerca del carácter ni de los ulteriores rendimientos en el seno de la comunidad. La misma Psicología de la Forma (Gestaltpsychologie) exige el complemento de la Psicología individual para poder pronunciarse sobre la actitud del individuo en el proceso de la vida.
La técnica empleada por la Psicología individual para investigar el estilo de vida presupone por tanto, en primer término, el conocimiento de los problemas de la vida y de las exigencias que ésta plantea al individuo. Como se verá, su solución presupone un cierto grado de sentimiento de comunidad, de identificación con la totalidad de la vida, de capacidad de colaboración y solidaridad humanas. Si esta capacidad falta, podrá observarse entonces en múltiples variantes un acentuado sentimiento de inferioridad con su cohorte de consecuencias, en general representadas por una actitud vacilante y evasiva. Al conjunto de los fenómenos somáticos o psíquicos que aquí se manifiestan le he dado el nombre de complejo de inferioridad. El incansable afán de superioridad trata de disimular este complejo mediante el complejo de superioridad, que aspira a una superioridad personal aparente, siempre prescindiendo del sentimiento de comunidad.
Una vez aclarados todos los fenómenos que se presentan en casos de fracaso, es preciso buscar en la primera infancia las causas de la falta de preparación. De esta manera se logrará una imagen clara y fiel del estilo unitario de vida del sujeto. Al propio tiempo podremos, en casos de conducta errónea, juzgar sobre el grado de evasión, que demostrará ser siempre el resultado de una falta de capacidad de decisión. La tarea del educador, del maestro, del médico y del sacerdote está aquí rigurosamente indicada: fortalecer el sentimiento de comunidad y levantar así el estado de ánimo, mediante la demostración de las verdaderas causas del error, el descubrimiento de la opinión equivocada y del sentido erróneo que el individuo llegó a dar a la vida, acercándole, en cambio, a aquel otro sentido que la vida misma le señala al hombre.
Esta tarea no puede ser realizada si falta un conocimiento profundo de los problemas de la vida y una comprensión clara de la escasa participación del sentimiento de comunidad en los complejos de inferioridad, de superioridad y en todos los tipos de desviación de la conducta. Asimismo exige esta tarea una experiencia amplísima en relación con aquellas circunstancias y situaciones que, en la infancia, pueden inhibir el desarrollo del sentimiento de comunidad. Los caminos que más viablemente conducen al conocimiento de la personalidad según las experiencias que hasta hoy me ha sido dado recoger son: una amplia comprensión de los primeros recuerdos de la infancia, la posición que en orden a la edad le corresponde al niño entre sus hermanos, los sueños, las fantasías diurnas, eventuales faltas infantiles, y las características del factor exógeno causante del trastorno. Todos los resultados obtenidos de esta investigación, que engloba incluso la actitud del enfermo con respecto al médico, deben ser valorados con el mayor cuidado, procurando a la vez comprobar si entre la ley de movimiento y los restantes datos recogidos se da una constante armonía.
CAPÍTULO III
LOS PROBLEMAS DE LA VIDA
Los tres problemas capitales de la vida humana. Errores de la madre. La terquedad infantil. Los rasgos de carácter como relaciones sociales. El complejo de Edipo, producto del carácter. La capacidad de contacto entre los hermanos. Influjo distinto de las enfermedades sobre la personalidad del niño. Problemas de adaptación escolar y consultorios de Psicología individual. Medidas de precaución en la educación sexual. El hombre ejemplar de la Psicología individual. Condiciones psicológicas para el matrimonio. Sobre la limitación de la prole. Otras pruebas a superar a lo largo de la vida.
Llegamos aquí al punto en que la Psicología individual roza los linderos de la Sociología. Es imposible formar un recto juicio sobre un individuo si se ignora la naturaleza de sus problemas vitales y la tarea que éstos le plantean. Sólo partiendo de la manera como el individuo se enfrente con ellos, de cómo se conduce mientras tanto, comprenderemos claramente su verdadero ser. A este respecto nos es preciso averiguar si colabora o si vacila, si se detiene, si intenta soslayar las dificultades, si busca o imagina pretextos, si resuelve los problemas sólo parcialmente, si los aplaza o si los abandona para alcanzar una apariencia de superioridad personal por sendas nocivas a la comunidad.
He sostenido desde siempre que todas las cuestiones de la vida quedan subordinadas a los tres grandes problemas siguientes: vida social, trabajo y amor. Como se echa fácilmente de ver, no se trata de problemas casuales, sino de problemas que, inexorablemente planteados, nos apremian y asedian sin permitir ningún soslayamiento. Nuestra conducta ante estos tres problemas es la respuesta que les damos según nuestro estilo de vida. Como quiera que los tres se hallan íntimamente entrelazados y que los tres exigen para su debida solución un pertinente grado de ese sentimiento de comunidad, es fácilmente concebible que el estilo de vida de cada persona se halle más o menos reflejado en la actitud que adopta frente a uno cualquiera de los tres grandes problemas mencionados: menos reflejado en el problema del que, en cualquier momento, se halla más alejado o cuya solución le es ofrecida por un mayor cúmulo de circunstancias favorables; más reflejado en el problema que pone más a prueba la condición peculiarísima del individuo. Cuestiones como el arte y la religión, cuya solución sobrepasa la medida corriente, entran dentro de los tres problemas. Éstos surgen de la indisoluble relación del hombre con la sociedad, de su preocupación por subsistir y por la descendencia. Son problemas de nuestra existencia terrenal los que ante nosotros se plantean. El hombre, en tanto que producto de nuestro planeta, desde el punto de vista de su relación cósmica, no ha podido desarrollarse y conservarse sino en contacto íntimo con la comunidad, gracias a la continua asistencia física y espiritual prestada por ésta; a su aplicación, a la división del trabajo y a la debida multiplicación. En el curso de su desarrollo, la tendencia a perfeccionar sus aptitudes corporales y psíquicas ha ido pertrechándole para el desempeño de su misión. Todas las experiencias, tradiciones, mandamientos y leyes representan acertados o erróneos, perennes o fugaces esfuerzos de la humanidad por superar las dificultades de la vida. Nuestra civilización actual revela el grado, por supuesto todavía insuficiente, alcanzado hasta ahora por la senda de esta aspiración. Pasar de una situación de menos a una situación de más caracteriza la conducta tanto del individuo como de la masa y nos autoriza para hablar, tanto en uno como en otro caso, de un incesante sentimiento de inferioridad. En la marcha de la evolución no cabe el descanso. El objetivo de la perfección nos atrae y eleva.
Ahora bien, si esos tres insoslayables problemas se caracterizan por basarse en el común interés social, es indudable que solamente pueden ser resueltos por aquellas personas en cierta medida poseedoras del sentimiento de comunidad. No es difícil afirmar que, hasta el momento actual, todo individuo está en disposición de poder adquirir en la medida necesaria dicho sentimiento. Pero la evolución de la humanidad aún no ha progresado lo bastante para que el sentimiento de comunidad sea consubstancial al hombre y funcione en él automáticamente, como la respiración o la marcha erecta. No cabe duda de que vendrá una época --tal vez muy lejana-- en que este grado llegue a ser alcanzado, a menos que la humanidad naufrague en el curso de esta evolución, eventualidad a favor de la que hoy existe una ligera presunción.
A la solución de estos tres problemas capitales tienden las demás cuestiones, que se trate de la amistad, del compañerismo, del interés por la ciudad, por el país, por la nación o por la humanidad; que se trate de la adquisición de buenos modales, de la aceptación de una función social de los órganos, de la preparación a la cooperación, en el juego, en la escuela y durante el aprendizaje, del respeto y de la consideración hacia el sexo opuesto, de la preparación física e intelectual necesaria para abordar todas estas cuestiones, así como de la elección de una pareja. Esta preparación se efectúa, en forma más o menos acertada o errónea, desde el primer día, desde que el niño nace, a través de la madre, que es la compañera más natural y más adecuada en las vivencias de sociabilidad del niño, vivencias que, en última instancia, derivan de la evolución del amor materno, ya que a partir de la madre (que en su calidad de primer semejante se halla en el umbral del desarrollo del sentimiento de comunidad) surgen los primeros impulsos del niño para buscar el contacto adecuado con el mundo circundante, para irse integrando como parte en la totalidad de la vida.
De dos lados distintos pueden surgir dificultades: por parte de la madre si es tosca, inhábil o sin experiencia, vuelve difícil el contacto del niño con los demás, o si, por despreocupada, toma su papel demasiado a la ligera. O, y éste es el caso más frecuente, surgen dificultades si la madre dispensa a su hijo de la obligación de reciprocidad y de colaboración, abrumándole con caricias y atenciones, actuando, pensando y hablando en su lugar continuamente, impidiendo en él toda posibilidad de desarrollo y acostumbrándole a un mundo imaginario que no es el nuestro y en el que el niño mimado encuentra todo hecho por los demás. Un período relativamente corto es ya suficiente para inducir al niño a considerarse como obligado foco de todos los acontecimientos y a considerar con hostilidad las restantes personas y situaciones. Pero no debemos menospreciar la multiplicidad de los resultados obtenidos cuando entran en juego las libres energías creadoras del niño. Éste asimila las influencias exteriores para utilizarlas conforme a su sentir. En caso de estar mimado por la madre, se negará a ampliar su sentimiento de comunidad respecto a otras personas y procurará substraerse al padre, a los hermanos y a cuantos no se le acerquen con igual ternura que la madre. Ejercitándose en este estilo de vida, en la opinión de que en ésta todo puede conseguirse de modo fácil e inmediato con la mera ayuda de los demás, el niño llegará a ser y a considerarse como más o menos incapaz para la solución de los problemas vitales. Carente del sentimiento de comunidad que dichos problemas requieren, experimentará ante ellos una reacción catastrófica que, en casos leves, dificultará pasajeramente su solución y, en casos graves, la impedirá de un modo permanente.
Un niño mimado no desaprovecha ni una sola ocasión de ocupar la atención de su madre, y este objetivo de supremacía lo alcanzará con la mayor facilidad si opone resistencia al natural cultivo de sus funciones, ya sea bajo la forma de terquedad --una tonalidad afectiva que, a pesar de nuestras aportaciones y aclaraciones, ha sido considerada recientemente, por Carlota Bühler, como una fase evolutiva natural--, ya sea en forma de falta de interés, que en todo caso se habrá de interpretar también como una falta de interés social. Todos los demás intentos artificiosos de explicar los vicios infantiles, verbigracia la retención de los excrementos o la enuresis nocturna, como manifestación de la libido sexual o de los impulsos de sadismo, creyendo seriamente que con ello se pueden descubrir capas más primitivas o más hondas de la vida anímica, convierten los efectos en causas e impiden la comprensión de la totalidad afectiva fundamental de tales niños: su extraordinaria sed de ternura. Estas interpretaciones son también erróneas en cuanto consideran que la función evolutiva de los órganos, ha de ser adquirida en cada caso aislado. El desarrollo de estas funciones es a un tiempo un imperativo y una adquisición de la naturaleza humana tan universales como la marcha erecta y el lenguaje. En el mundo imaginario de los niños mimados, dichas funciones, de la misma manera que la prohibición del incesto, pueden ser desde luego soslayadas como señales manifiestas de la voluntad de ser mimado, con el fin de explotar a otras personas, o con vistas a la venganza y a la acusación en el caso de que falte ese mimo.
Los niños mimados suelen, además, rehusar de mil maneras, todo lo que es susceptible de ocasionar un cambio a una situación que les satisface. Si a pesar de ello sobreviene, se pueden observar en el niño una reacción y una resistencia más o menos activa o pasiva. Progreso o retroceso, su realización depende en gran parte, de su grado de actividad, pero también del factor exógeno, de la situación externa que exige una solución. Un éxito en semejantes circunstancias servirá de pauta para el futuro, y esto es lo que, con evidente falta de visión, ciertos autores llaman regresión. Otros van aun más lejos en sus suposiciones al interpretar el complejo psíquico actual, que debemos considerar como una adquisición evolutiva fija y permanente, como reminiscencias de tiempos arcaicos, llegando, sobre esta vía, a imaginar fantásticas analogías. Generalmente, indúceles a error el hecho de que las formas de expresión de la humanidad --sobre todo si no se tiene en cuenta la gran pobreza del lenguaje-- acusan en todos los tiempos, notables semejanzas. El intento de relacionar todas las formas de movimiento humano con la sexualidad no representa más que una exageración de otra clase de semejanzas.
Ya hemos explicado por qué los niños mimados se sienten amenazados y como en territorio enemigo, cuando se encuentran fuera del círculo en donde se les mima. Los diferentes rasgos de su carácter, ante todo el amor propio, con frecuencia casi inconcebible, y la autocontemplación, deben estar en consonancia con la opinión que se han formado de la vida. De esto se infiere claramente que todos estos rasgos de carácter son productos artificiales, adquiridos y no innatos. No es difícil comprender que tales rasgos, contrariamente a la opinión de los caracterólogos, representan, en último análisis, relaciones sociales, y son producto del estilo de vida que el niño se ha elaborado. De esta manera se desvanece el viejo problema de si el hombre es bueno o malo por naturaleza. El incesante progreso del sentimiento social, en su crecimiento evolutivo, nos autoriza a suponer que la perdurabilidad del género humano está inseparablemente ligada a la noción de bondad. Las aparentes excepciones deben considerarse como desviaciones en el progreso evolutivo y pueden atribuirse a errores semejantes a los que, en el inmenso campo de experimentación de la Naturaleza, han engendrado los inservibles órganos de ciertas especies animales. La caracterología se verá muy pronto obligada a reconocer que caracteres tales como valiente, virtuoso, perezoso, misántropo, constante, etc., deben siempre ajustarse, bien o mal a nuestro mundo exterior, mundo en perpetuo cambio y que de ninguna manera pueden existir sin este mundo exterior.
Existen, además, en la infancia, como hemos demostrado anteriormente, otras desventajas que, al igual que el excesivo mimo, impiden el normal desarrollo del sentido de comunidad. En la consideración de estos impedimentos debemos una vez más rechazar cualquier principio fundamental, director o causal y en su manifestación vemos unicamente un elemento engañoso que puede ser expresado en los términos de una probabilidad estadística. Nunca deberemos pasar por alto la diversidad y la singularidad de cada manifestación individual. Dicha manifestación es la expresión de la fuerza creadora del niño, ejercida casi arbitrariamente en la estructuración de su propia ley dinámica. Entre estos últimos obstáculos figura la negligencia para con el niño y sus deficiencias orgánicas. Ambos factores, al igual que el mimo, hacen que la atención y el interés del niño se desvíen de la vida en común para sólo fijarse en evitar perjuicios personales, a fin de asegurar el propio bienestar. Más adelante demostraremos de manera palpable que este último no puede considerarse asegurado sin un ponderado sentimiento de comunidad. No obstante, es fácil comprender que la vida es adversa para aquellos que no están en contacto y en armonía con ella. Podemos afirmar que estas tres desventajas de la primera infancia, pueden, de mejor o peor manera, ser superadas por la fuerza creadora del niño. Todo éxito o fracaso depende del estilo de vida y de la opinión generalmente desconocida que nos formamos acerca de nuestra existencia. Del mismo modo que hablabamos de la probabilidad estadística que determinan las consecuencias de estas tres desventajas, hemos de admitir que también los problemas de la vida, sean grandes o pequeños, sólo presentan una, aunque importante, probabilidad estadística; es el choque, que ellas determinan, que pone a prueba la actitud que adopta el individuo ante ellas. Cierto es que las posibles consecuencias derivadas del contacto del individuo con los problemas de la vida pueden ser previstas con probabilidades de acierto. Pero admitiremos la exactitud de una suposición sólo cuando esté confirmada por los resultados.
Es ciertamente una señal a favor de su basamento científico el hecho de que la psicología individual, como ninguna otra escuela psicológica es capaz, pueda vislumbrar el pasado merced a su experiencia y a sus leyes de probabilidad.
Ahora bien, debemos también pasar revista a aquellos problemas de importancia aparentemente secundaria, a fin de establecer si, para su oportuna solución, es exigible o no a su vez un sentimiento de comunidad desarrollado. Aquí tropezamos, ante todo, con la posición del niño frente al padre. Lo normal sería que el interés se repartiese casi por igual entre ambos padres. Factores meramente externos, como son la personalidad del padre, un mimo excesivo por parte de la madre, las enfermedades y las deficiencias orgánicas que en el niño requieren mayores atenciones por parte de la madre, pueden producir entre el hijo y el padre un distanciamiento que limitará la extensión del sentimiento de comunidad. La severa intervención del padre para evitar las consecuencias del excesivo mimo de la madre, no hará sino aumentar aquel distanciamiento. Lo mismo podría decirse de la tendencia de la madre (tendencia que muchas veces ella misma ignora) por poner al niño de su parte. Si es el padre el que lo mima, entonces el niño tiende hacia él, volviendo la espalda a la madre. Esta situación siempre debe ser entendida como una segunda fase en la vida del niño y anuncia que éste ha experimentado ya alguna tragedia en su relación con la madre. Si como niño mimado que es sigue pegado a ésta, entonces se convertirá en una especie de parásito que espera de ella la satisfacción de todas sus necesidades, a veces incluso de las sexuales. Y esto tanto más cuanto que el despertar del instinto sexual encuentra al niño en un estado afectivo en que no es capaz de privarse de la satisfacción de ningún deseo porque la madre se ha encargado siempre de complacerle en todo. Lo que Freud ha llamado el complejo de Edipo, considerándolo como el fundamento natural de la evolución psíquica, no es más que una de las múltiples manifestaciones de la vida de un niño mimado, juguete indefenso de sus deseos exacerbados. A este respecto queremos hacer abstracción del hecho de que este mismo autor, con tenaz fanatismo, base todas las relaciones existentes entre un niño y su madre en un simbolismo, sin más fundamento que el famoso complejo de Edipo. Debemos rechazar de la misma manera la hipótesis, que a muchos autores se les antoja una realidad innegable, de que, por naturaleza, las niñas se acercan más al padre, y los niños, en cambio, a la madre. En los casos en que esto haya ocurrido sin previa intervención del mimo, estamos en presencia de una precoz comprensión del futuro papel sexual, es decir, de una fase que ha de sobrevenir mucho más tarde. El niño se prepara en forma lúdica para el futuro, casi siempre sin que intervenga en ello el instinto sexual, y tal como lo hace en tantos de los juegos que emprende. El impulso sexual precozmente avivado y casi irrefrenable revela sobre todo el egocentrismo del niño, casi siempre mimado, que no sabe renunciar ni al más leve deseo.
Considerada como un problema, la actitud del niño frente a los hermanos, puede asimismo reflejar el grado de su capacidad para entrar en contacto con los demás. Los tres grupos de niños anteriormente señalados verán en cualquiera de los hermanos, por lo general en el menor, una traba y una causa de la limitación de su esfera de influencia. Las consecuencias de esta contrariedad son muy variables, pero en el período plástico de la infancia dejan marcada una huella tan honda que, como un rasgo de carácter, podrá reconocerse a lo largo de toda la vida por la tendencia al desafío, por una insaciable ansia de dominio o, en casos más leves, por una constante propensión a tratar a los demás como niños. Gran parte de la formación del niño depende del éxito o del fracaso de esta competencia. Pero la impresión de haber sido desplazado por un hermano más joven, con su cohorte de consecuencias, no le abandonará jamás, sobre todo tratándose de un niño mimado.
Otro de estos problemas es el representado por la conducta del niño frente a la enfermedad y la actitud que ante ella adopta. El comportamiento de los padres, especialmente en el caso de una enfermedad grave, no pasará inadvertido por el niño. Si en las enfermedades de la primera infancia como el raquitismo, la pulmonía, la tos ferina, el baile de San Vito, la escarlatina, la gripe, etc., el niño experimenta los efectos de la imprudente ansiedad de los padres, no sólo la dolencia puede parecer más grave de lo que es en realidad, sino también originar en aquél una extraordinaria habituación al mimo y un exagerado sentimiento no cooperante del propio valer, junto con una inclinación a sentirse enfermo y a quejarse. Si una vez recobrada la salud cesa el mimo de golpe, entonces el niño puede ser presa de una constante sensación de estar enfermo, quejándose de cansancio, de falta de apetito o de una tos persistente e inmotivada, fenómenos que a menudo son considerados, erróneamente, como consecuencias de la enfermedad. Tales niños poseen una inclinación a cultivar durante toda su vida los recuerdos de sus enfermedades lo cual no es sino una manera de exteriorizar su opinión de que debe tratárseles consideradamente o de que pueden apelar a circunstancias atenuantes. No debe pasarse por alto que, en tales casos, el contacto insuficiente con las circunstancias externas, es un motivo permanente de tensión en la esfera afectiva, de un aumento de las emociones y de los estados afectivos.
Otra buena prueba de la capacidad de cooperación del niño --prescindiendo de si sabe volverse útil en casa, de si se porta bien en el juego y de si acusa rasgos de compañerismo-- es verificada cuando ingresa al parvulario o a la escuela. Allí puede ser claramente observada su aptitud para trabajar con los demás. Su grado de excitabilidad, la forma de cómo se presenta su falta de inclinación hacia la escuela, sus maneras de resistirse y retraerse, su falta de interés y de concentración y otra larga serie de actitudes de hostilidad hacia la escuela, como son las faltas de puntualidad y de asistencia, la tendencia a perturbar el orden de la clase, a perder continuamente el material de enseñanza y a distraerse en casa en lugar de hacer los deberes para el día siguiente, todos estos fenómenos ponen de relieve una preparación insuficiente para la cooperación. No acabaríamos de comprender el proceso psíquico que tiene lugar en dichos casos si no tuviéramos en cuenta que esos niños están abrumados --sépanlo o no-- por un grave sentimiento de inferioridad que, en concordancia con nuestra descripción precedente, se manifiesta como complejo de inferioridad, en forma de timidez o de estados de excitación acompañados de toda clase de síntomas psíquicos y físicos o como un complejo de superioridad basado en la vanidad: espíritu peleonero, mal perdedor en los juegos, falta de compañerismo, etc. La ausencia de valor se observa siempre en todos los casos. Incluso los niños arrogantes se acobardan cuando se trata de efectuar trabajos útiles. Su propensión a la mentira les induce al engaño; y su inclinación a apoderarse de lo ajeno no es más que una morbosa manera de compensar su sentimiento de frustración. La comparación, que nunca falta, con niños más aptos, no puede conducirles a mejorar, sino a una paulatina indiferencia y, a veces, al aborrecimiento de las tareas escolares. Precisamente la escuela actúa sobre el niño como un experimento y desde el primer día pone de relieve el grado de su capacidad de cooperación. Por otra parte, la escuela es justamente el lugar escogido para despertar y exaltar en el niño, gracias a una comprensión inteligente, el sentimiento de comunidad, a fin de que no llegue a abandonarla como un enemigo de la sociedad. Fueron precisamente estas experiencias las que me llevaron a establecer en las escuelas consultorios de Psicología individual que ayudaran al maestro a encontrar el camino acertado en la educación de los niños desaplicados.
Es indudable que el rendimiento de los niños en las tareas escolares depende también en primer término del sentimiento de comunidad, puesto que éste encierra ya en sí el germen de la conformación ulterior de la vida en el seno de la sociedad. La vida escolar incluye cuestiones como la amistad --tan importante para la futura convivencia--, el compañerismo y todos esos imprescindibles rasgos de carácter que implican la solidaridad, la confianza, la tendencia a colaborar, el interés por el Estado, la nación y la humanidad. Todas estas cuestiones requieren les cuidados de una educación calificada. La escuela es el medio más indicado para despertar y fomentar la solidaridad humana. Todo maestro que comprenda bien nuestros puntos de vista sabrá llamar la atención del niño, en amigables charlas, sobre su falta de sentimiento de comunidad y sus causas, así como sobre los medios susceptibles de remediarla, facilitando de este modo su incorporación a la sociedad. En conversaciones generales logrará convencer a los niños de que el futuro de ellos y el de la humanidad dependen del fortalecimiento de nuestro sentimiento de comunidad, y de que los grandes errores de la vida, tales como la guerra, la pena de muerte, los odios entre razas y pueblos, y las neurosis, el suicidio, la delincuencia, la embriaguez, etc., son originados por la insuficiencia de aquel sentimiento y deben ser interpretados como complejos de inferioridad, como intentos a todas luces perniciosos de resolver una situación de manera inadmisible e inoportuna.
También la cuestión sexual, de la que nuestra época empieza ya a preocuparse, puede sumir en confusión a los muchachos y muchachas. Pero no, a aquellos que poseen un espíritu de cooperación; éstos, acostumbrados a considerarse como parte de un todo, no ocultarán nunca para sí mismos tormentos secretos, sino que hablarán de ellos con sus padres o acudirán al consejo del maestro sobre el particular. No actuarán así aquellos otros que ya han descubierto en la propia familia un elemento hostil. Entre ellos figuran en primer lugar los niños mimados, muy fácies de intimidar y seducir mediante halagos. El proceder de los padres en sus aclaraciones sobre el tema sexual está dictado en cada caso por su convivencia. Al niño deben dársele todas las explicaciones que reclame y se deberá de presentarle este saber de tal forma que le permita soportar y asimilar esta nueva enseñanza. No debemos demorar ninguna aclaración, pero tampoco precipitarla. Es casi inevitable que los niños hablen en la escuela de cosas sexuales. El niño independiente que mira al porvenir, rechazará categóricamente cualquier indecencia y no dará crédito a tonterías. Toda educación que contribuya a inspirar en el niño, miedo ante el amor y el matrimonio constituye, desde luego, un error grave, si bien sólo hará mella en niños dominados por sentimientos de dependencia, en realidad faltos de valor.
La pubertad, otro problema vital, es considerada por muchos autores como un obscuro misterio. Tampoco en este período de la vida encontraremos otra cosa que lo que en el niño estaba ya latente. Si carecía de sentimiento de comunidad, su pubertad transcurrirá en consecuencia. Sólo que se verá más claramente hasta qué punto se halla preparado para la colaboración. El púber dispone de un campo de acción más amplio y de mayores energías. Pero, ante todo, siente el afán de demostrar, de acuerdo con su forma de ser y que le parece seductora, que ya no es un niño; o, lo que es más raro, se da el caso opuesto de querer demostrar que sigue siéndolo. Si el desarrollo de su sentimiento de comunidad quedó inhibido, las características asociales de su errónea trayectoria se manifestarán entonces con mayor nitidez. En su afán de pasar por personas mayores, muchos de ellos imitarán más los defectos que las virtudes de los adultos, porque esto les resulta más fácil que servir a la comunidad. De esta manera pueden llegar a cometer toda clase de delitos, sobre todo los niños mimados, que por estar acostumbrados a la satisfacción inmediata de sus deseos, resisten más difícilmente a cualquier tentación. Tales niños y niñas son fáciles víctimas de los halagos y obedecen mejor a los estímulos de su vanidad. En este período de la pubertad se ven especialmente amenazadas aquellas muchachas que experimentan en su casa un fuerte sentimiento de humillación y que sólo prestando oídos a la lisonja pueden creer en su propio valor.
El niño, hasta entonces en la retaguardia, se acerca poco a poco al frente de la vida, en el cual vislumbra los tres problemas de la existencia humana: sociedad, trabajo y amor. Para llegar a su oportuna solución, los tres exigen un marcado interés por el prójimo. De la preparación en cuanto a este interés depende todo. A este respecto podemos encontrarnos con misantropía, odio a la humanidad, desconfianza, alegría por el daño ajeno, vanidades de toda clase, susceptibilidad, estados de excitación al encontrar a otras personas, miedo, propensión a la mentira y al engaño, difamación, despotismo, mala fe y otros defectos por el estilo. El que ha sido educado para la vida en común sabrá ganarse amigos fácilmente. Asimismo denotará interés por todos los problemas de la humanidad y en este sentido sabrá orientar sus ideas y su comportamiento. No cifrará el éxito en llamar la atención, tanto para acciones buenas como para las malas. En su vida social será impulsado por la buena voluntad, pero sabrá también alzar su voz contra las personas peligrosas para la sociedad. Ni siquiera el hombre bondadoso puede en ocasiones substraerse a sentimientos de desprecio. La corteza terrestre sobre la que vivimos nos obliga a trabajar y a repartirnos el trabajo. El sentimiento de comunidad se exterioriza en este aspecto bajo la forma de cooperación útil a los demás. El hombre sociable reconocerá que todos merecemos una equitativa recompensa por nuestro trabajo y que la explotación de la existencia y del trabajo de otros no puede favorecer en ningún caso el bienestar humano. Y es que, en último término, vivimos en gran parte de la labor de nuestros fecundos ascendientes, que han contribuido al bienestar de nuestra especie. La gran escuela de la comunidad, que se manifiesta también en las religiones y en las grandes corrientes políticas, exige un idóneo reparto del trabajo y del consumo. El que hace zapatos es útil al prójimo y tiene derecho a vivir desahogadamente y a gozar de las ventajas de la higiene y de una buena educación para sus descendientes. El hecho de que por su trabajo reciba dinero equivale a reconocer su utilidad en esta evolucionada era del comercio. De esta manera experimenta su valer en el concierto de la comunidad, que es el único modo de atenuar el general sentimiento de inferioridad propio en los humanos. Quien rinde un trabajo útil vive en el seno de una comunidad progresiva y la fomenta. Este vínculo --no siempre consciente-- es tan fuerte que determina el juicio general sobre la diligencia y la pereza. Nadie verá una virtud en esta última. El derecho al debido sustento de aquellos que se hallan en paro forzoso como consecuencia de una crisis económica o de sobreproducción, está ya hoy día universalmenle reconocido y (si no un peligro social) es un producto del auge del sentimiento de comunidad. Todo cuanto nos traiga el porvenir respecto a cambios en la producción y distribución de los bienes tendrá que estar más en correspondencia con los dictados del sentimiento de comunidad de lo que hoy acontece, y ello tanto si la transformación tiene lugar por natural evolución como si se logra por la fuerza.
Donde el sentimiento de comunidad se muestra dotado de poder más directo e indiscutible sobre el sentido del hombre es en el amor, que se acompaña de tan intensas satisfacciones de naturaleza corporal y anímica. Como la amistad y las relaciones con nuestros hermanos o padres, también el amor es una tarea a repartir entre dos personas (esta vez de sexo opuesto), con vistas a la descendencia y a la conservación de la especie. Quizá ningún otro problema humano afecte tan de cerca al bienestar y a la felicidad del individuo en el seno de la comunidad como el problema del amor. Una tarea para dos personas tiene su estructura peculiar y no puede ser resuelta de manera adecuada si se procede al igual que con una tarea para un solo individuo. Parece como si, para cumplir con los fines del amor, cada una de esas dos personas debiera olvidarse por completo de sí misma y entregarse por entero a la otra, constituyendo ambos un solo ser. Idéntica necesidad, sólo que en grado bastante menor, existe en la amistad, en actividades como el baile y el juego o en el trabajo realizado por dos personas con un mismo instrumento y con igual objeto. Esta estructura del amor exige de imperioso modo la exclusión completa de cuestiones de desigualdad, de dudas recíprocas y sentimientos o ideas hostiles. Y, por último, la atracción física es consustancial con el amor y para la evolución del individuo es necesario que esta atracción influya en cierto grado --el que corresponde al oportuno perfeccionamiento de la especie-- en la elección de la pareja.
Así, nuestros sentimientos estéticos están al servicio del desarrollo de la humanidad, haciéndonos vislumbrar -consciente o inconscientemente- un ideal superior en la persona objeto de nuestro amor. Junto con la indiscutible igualdad de derechos en el amor, que hoy día aún desconocen muchas personas de uno u otro sexo, no es posible excluir el sentimiento de la devoción mutua. Este sentimiento está mal comprendido por los hombres y aun más a menudo por las mujeres, que lo consideran como una subordinación de índole esclavizante. Este error les hace retroceder ante el amor o les hace incapaces de realizar la función sexual, sobre todo a aquellas cuyo estilo de vida les llevó a establecer un principio de superioridad egocéntrica. La deficiente aptitud en tres aspectos importantes de la vida, preparación para una tarea a efectuar entre dos, conciencia de igualdad y capacidad de entrega, caracterizan a todas las personas cuyo sentimiento de comunidad no se ha desarrollado. La dificultad que les plantea esta cuestión les induce de continuo a substraerse a los problemas del amor y del matrimonio (que seguramente en su forma monogánica es la mejor adaptación activa a la evolución). La estructura del amor, según acabamos de exponer, requiere además --por ser una tarea y no el punto final de una evolución-- una decisión definitiva, eterna, en beneficio de los hijos y de la educación de éstos para mayor provecho de la humanidad. El hecho de que los errores, las equivocaciones y una carencia del sentimiento de comunidad en el amor puedan influir sobre los hijos, robándoles la felicidad, nos hace entrever una siniestra perpectiva. Hacer del amor algo banal, tal como ocurre en la promiscuidad, en la prostitución, en las perversiones y en la práctica secreta del nudismo integral, quita al verdadero amor toda grandeza, todo brillo y todo encanto estético. La negativa a contraer un enlace duradero siembra dudas y desconfianzas en la pareja, incapacitándola para una absoluta y abnegada entrega. Semejantes dificultades, distintas en cada caso, se podrán comprobar, como signos de un exiguo sentimiento de comunidad, en todos los casos de amor o de matrimonio desdichados o en todos los casos de flaqueza para llevar a cabo funciones esperadas. En tales casos, el único remedio consiste en corregir el estilo de vida.
Para mí no cabe duda alguna de que la conversión del amor en una banalidad, despojándolo del sentimiento de comunidad, por ejemplo, en la promiscuidad, abrió la puerta a la irrupción de las enfermedades venéreas, acarreando así la destrucción de vidas individuales, de familias o de poblaciones enteras. Mas como en la vida no encontramos ninguna regla que sea infalible, también pueden existir motivos que aboguen en pro de una disolución de vínculos dentro o fuera del matrimonio. Sería naturalmente falaz atribuir a cada ser una comprensión tan objetiva de su propio caso, que pudiera juzgarlo adecuadamente. Por tanto, lo más acertado es confiar esta cuestión a expertos psicólogos capaces de enjuiciar rectamente cada caso de acuerdo con las normas del sentimiento de comunidad. También el evitar la concepción es uno de los problemas que más interesan en nuestra época. Desde que la humanidad cumplió el mandato bíblico haciéndose tan numerosa como las arenas del mar, el sentimiento de comunidad de los hombres quedó sensiblemente reducido en cuanto a la severa exigencia de tener una prole ilimitada. También el desarrollo formidable alcanzado por la técnica ha llegado a hacer superfluos los esfuerzos de muchos brazos. La necesidad de colaboradores ha disminuido considerablemente. La situación social no incita a procrear. El notable acrecentamiento de la capacidad amorosa ha hecho que se tenga mucho más en cuenta que antes el bienestar y la salud de la madre. El crecimiento de la civilización derribó los muros que separaban a la mujer de la cultura y de los intereses espirituales. El progreso técnico actual permite, tanto al hombre como a la mujer, dedicar más tiempo a la cultura, al recreo, a las diversiones y a la educación de los hijos. En lo sucesivo se sabrá sacar más provecho del reposo, no sólo para el bien de uno mismo, sino también para el de la familia. Todos estos hechos han contribuido tanto a fomentar la procreación como a asignar al amor un papel casi por completo independiente de ella. Estos logros han permitido un aumento de la felicidad que contribuirá seguramente al bienestar de la especie humana. Una vez conseguida, no será posible detener, mediante leyes y fórmulas, esta evolución, este progreso que, entre otras cosas, determinan una clara diferenciación entre el hombre y los animales. En lo que se refiere al número de embarazos, la decisión recaerá en la mujer después de una seria revisión. En cuanto a la cuestión de la interrupción artificial de un embarazo, los intereses de la madre y del bebe serán salvaguardados si, aparte de la decisión de un médico, un consejero psicológico competente es consultado para refutar las causas futiles invocadas a favor de la interrupción. En contraparte, un aviso favorable será otorgado por motivos plausibles. En estos serios casos, la interrupción será efectuada gratuitamente en un hospital.
Junto con ciertas aptitudes y la atracción física e intelectual, influyen en la justa elección de la pareja, los siguientes puntos, que indicarán en grado suficiente el sentimiento de comunidad: 1º Saber mantener una amistad. 2º Tener interés por su labor profesional. 3º Mostrar, finalmente, más interés por su cónyuge que por sí mismo.
El temor a tener hijos puede obedecer, desde luego, a motivos completamente egoístas que, sea la que fuere su forma de manifestación, se deben, en último análisis, sin excepción, a una escasez del sentimiento de comunidad. Ocurre esto cuando, por ejemplo, una muchacha a quien su madre mimó, no se propone en el matrimonio sino continuar el papel de niña mimada, o si, preocupada por su aspecto exterior, teme y exagera la deformación que implica el embarazo y el parto, o si quiere quedarse sin rivales y también, a veces, si contrae matrimonio sin amor. En numerosos casos, la protesta viril desempeña un papel funesto en las funciones femeninas y en la repugnancia al embarazo. Tal actitud de protesta de la mujer contra su papel sexual, fenómeno que fuimos los primeros en describir bajo el nombre de protesta viril, da lugar muy a menudo a perturbaciones de la menstruación y de otras funciones de la esfera sexual, y siempre proviene de la falta de satisfacción en cumplir el papel de su propio sexo, papel que ya la familia consideró como inferior desde el nacimiento de la niña. Este error se encuentra extraordinariamente fomentado por la imperfección de nuestra civilización, que, secreta o abiertamente, intenta asignar a la mujer una categoría inferior. De esta manera, también la primera aparición de la menstruación puede conducir en algunos casos a toda clase de trastornos, que no son sino una defensa psíquica de la muchacha y revelan, al mismo tiempo, una preparación defectuosa a la cooperación. La protesta viril, que puede manifestarse bajo múltiples formas, debe ser comprendida, pues, como un complejo de superioridad edificado sobre los cimientos de un complejo de inferioridad y que se podría expresar con la fórmula: Tan sólo una niña. Una de sus formas de manifestación es la manía de hacer el papel de hombre en todo, lo cual puede conducir al amor lésbico.
Si en el período en que aparece el amor existe una preparación insuficiente para la profesión y la vida social, pueden manifestarse también otras formas para sustraerse al interés colectivo. La más grave de éstas es sin duda la demencia precoz, en la cual el enfermo se cierra de un modo casi absoluto a las exigencias de la comunidad. Esta enfermedad psíquica está relacionada con minusvalías orgánicas, como Kretschmer pudo demostrar. Sus observaciones completan nuestros propios hallazgos sobre la importancia de una tara orgánica al principio de la vida, sin que el autor haya tomado en cuenta, tal como lo hacemos nosotros, la importancia de esos órganos minusvalentes, en cuanto a la estructura del estilo de vida. También la caída en una neurosis se hace cada vez más frecuente bajo la presión incesante de las condiciones externas que exigen que uno se prepare para la colaboración. Lo mismo podría decirse del suicidio, que no es sino una retirada completa, al mismo tiempo que una condena absoluta de las exigencias de la vida con más o menos mala fe, así como de la embriaguez, considerada como ardid para librarse de un modo antisocial de las demandas de la sociedad; de la morfinomanía o la cocainomanía, que son tentaciones que no pueden resistir sino con grandes dificultades las personas carentes del sentimiento de comunidad y tendentes a reaccionar con la huida ante los problemas de la comunidad. En el caso de que tengamos experiencia en este proceder, podremos demostrar siempre que en tales personas existe una incesante busca de mimo y de alivio de las dificultades de la vida. Lo mismo podría decirse de gran número de delincuentes, en los cuales advertimos claramente desde la tierna infancia, no sólo la falta de sentimiento de comunidad, sino la carencia de valor; a pesar de la dosis de actividad que puedan exhibir. No es de extrañar que también se manifiestan perversiones más a menudo en este período. Quienes las sufren suelen atribuirlas a la herencia, de un modo análogo a lo que hacen muchos autores afamados, los cuales consideran los fenómenos de perversidad infantil como innatos o como adquiridos a consecuencia de alguna vivencia, cuando en realidad -no son sino el resultado de un entrenamiento en dirección equivocada. Al mismo tiempo, estas perversiones son señales manifiestas de un sentimiento de comunidad deficiente, falta que acusan, también en los demás aspectos de la vida, los individuos en cuestión (4).
El grado del sentimiento de comunidad es también puesto a prueba con ocasión del matrimonio, de la profesión, de la pérdida de una persona querida, a consecuencia de lo cual el individuo despotrica contra el mundo entero, a pesar de que apenas se interesó antes en él. Se pone a prueba asimismo, en otras situaciones, al perder la fortuna o en cualquier clase de decepción. En todos estos casos se manifiesta la incapacidad de la persona mimada para conservar en una situación difícil la armonía con la totalidad. También la pérdida de un trabajo lleva a muchos a hacerlo todo menos acercarse más a la comunidad para superar mediante un esfuerzo común y una acción concertada las dificultades sociales. En lugar de ello, se desorientan y actúan contra la comunidad.
Debo recordar aquí otra prueba más: el temor a la vejez y a la muerte. Vejez y muerte no podrán amedrentar a quien cuente con la seguridad de perpetuarse en sus hijos y tenga la conciencia de haber contribuido al desarrollo de la cultura. Sin embargo, es muy frecuente encontrar, como consecuencia directa del temor al aniquilamiento completo, una rápida decadencia física y una gran conmoción psíquica. Lo más frecuente es ver mujeres dominadas por la superstición de los pretendidos peligros del climaterio, particularmente aquellas que han considerado toda su vida que no es la cooperación, sino la juventud y la belleza las que dan su peculiar valía a la mujer. Muy a menudo caen en una hostil actitud de defensa, como si hubieran sufrido una injusticia, pudiendo originarse en ellas un trastorno de la afectividad que llegue hasta la melancolía. No nos cabe duda de que el nivel hasta ahora alcanzado por la civilización no ha llegado a crear aún el ámbito vital necesario a que en la vejez tienen justo derecho los seres humanos. No obstante, cada uno está en su derecho de crearse individualmente y para sí ese ámbito social. Por desgracia, son muchos los que a esa edad muestran ya una limitada disposición para colaborar. Exageran sus propias facultades, quieren saberlo todo mejor que nadie, perduran en un sentimiento de frustración, se hacen molestos y contribuyen así a crear en torno suyo aquel ambiente que precisamente temían.
CAPÍTULO IV
EL PROBLEMA CUERPO-ALMA
La tendencia evolutiva de la Naturaleza. Origen biológico de la psique. La sabiduría del cuerpo. La superación como ley fundamental de la vida. La dinámica sin fin de la personalidad. Influjos recíprocos entre estilo de vida y estado corporal. El dialecto de los órganos como expresión de la ley de movimiento. El factor anímico en las neuralgias funcionales del trigémino.
Hoy ya no puede dudarse de que todo lo que denominamos cuerpo acusa una neta tendencia a convertirse en una totalidad. En este aspecto y en un sentido general, el átomo puede ser comparado con la célula viva. Ambos poseen energías latentes y manifiestas que, de una parte, redondean y delimitan una forma y, de otra, enriquecen el todo con la adición de nuevas partes. La diferencia principal radica seguramente en el activo metabolismo de la célula, frente a la invariabilidad del átomo. Ni siquiera los movimientos de dentro y fuera de la célula y del átomo ofrecen diferencias notables. Tampoco los electrones están nunca en reposo, y una tendencia a la quietud, tal como Freud llega a postularla en la defensa de sus teorías sobre el deseo de morir, no puede comprobarse en ningún terreno de la Naturaleza. Lo que diferencia más claramente el átomo de la cédula viva es el proceso de asimilación y eliminación propio de esta última; proceso que da lugar al crecimiento, a la conservación de la forma, a la multiplicación y a la tendencia hacia una ideal forma final (5).
Si, independientemente de su origen, se hubiera encontrado la célula viva en un medio ambiente ideal que le garantizase sin dificultad alguna la eterna conservación -caso ciertamente inconcebible-, entonces hubiera permanecido siempre idéntica a sí misma. Bajo la presión de unas dificultades que, en el caso más simple, podemos imaginarnos casi como de naturaleza física, lo que llamamos sin entenderlo proceso vital debió verse impelido a buscar algún remedio a la situación. Las mil diferencias existentes en la Naturaleza y, como se ve también en la amiba, tienen como consecuencia que Ios individuos que se hallan en una situación más favorable pueden alcanzar éxito más fácilmente y obtener una forma y una adaptación más perfectas. En los billones de años transcurridos desde que la vida existe sobre la corteza de la Tierra, ha habido desde luego tiempo suficiente para que, a partir del proceso vital de las células más sencillas, se desarrollara el hombre, y asimismo para que se extinguieran miríadas de seres vivos incapaces de hacer frente a los embates de su medio ambiente.
Según esta concepción, que enlaza ciertas opiniones fundamentales de Darwin con otras de Lamarck, el proceso vital debe ser considerado como una tendencia cuya orientación mantiene, en el curso de la evolución, un eterno objetivo de adaptación a las exigencias del mundo exterior.
Orientada en este sentido de finalidad -que no puede llegar nunca a un completo equilibrio, ya que las energías y las exigencias del mundo circundante jamás pueden ser satisfechas con absoluta perfección por seres creados por él- debe de haberse desarrollado igualmente aquella capacidad que solemos llamar, considerándola desde puntos de vista dispersos, alma, espíritu, psique, razón, incluyendo en estos términos todas las restantes facultades anímicas. Y a pesar de que, al examinar el proceso anímico, nos movemos en un terreno trascendental, nos está permitido afirmar, siguiendo nuestra concepción, que el alma, como parte integrante del proceso vital (por muchas que sean las cosas que englobemos en él), debe acusar forzosamente el mismo carácter fundamental que su matriz, la célula viva, de la cual proviene. Este carácter fundamental lo comprobamos, ante todo, en el continuo intento de resistir victoriosamente a las exigencias del mundo circundante, de superar a la muerte, de aspirar a una forma definitiva ideal y adecuada, y de conseguir, junto con las energías corporales preparadas a este objeto en el curso de la evolución y en virtud de una mutua influencia y ayuda, un fin de superioridad, de perfección y de seguridad. Al igual que el desarrollo corporal, el desarrollo anímico está presidido por la tendencia a alcanzar la superación de todas las dificultades y obstáculos mediante la adecuada solución de los problemas planteados por el mundo circundante.
Toda solución errónea debida a un desarrollo inadecuado, ya sea corporal o psíquico, se traduce por un fracaso que puede llegar a la eliminación y exterminio del individuo perdido. El proceso del fracaso puede trascender del individuo y ejercer consecuencias nocivas sobre la descendencia, las familias, las tribus, los pueblos y las razas. La superación de tales dificultades puede conducir frecuentemente, como sucede en toda evolución, a mayores triunfos y a una resistencia asimismo mayor. Pero este cruel e inexorable proceso de autodepuración ha ocasionado ya hecatombes de plantas, animales y seres humanos. Los que parecen hasta ahora susceptibles de resistir, demuestran con su supervivencia que cumplen de momento las exigencias del ambiente (6). De esta interpretación se deduce que en el desarrollo corporal interviene una tendencia manifiesta a mantener las funciones del cuerpo en una especie de equilibrio que permite resistir victoriosamente a las exigencias favorables y desfavorables del mundo circundante. Si se consideran estos procesos desde un punto de vista unilateral, podemos concebir una hipotética sabiduría del cuerpo (7). Pero también el desarrollo anímico se ve obligado a optar por tal sabiduría, que le pondrá en condiciones de resolver victoriosamente los problemas que pueden plantearse, a favor de un equilibrio, siempre activo, entre el cuerpo y el alma. El equilibrio está asegurado, hasta cierto punto, por el grado de evolución obtenido, y la actividad lo está, a su vez, por ese objetivo de superioridad engendrado en la infancia y del que deriva el estilo de vida, la ley individual de movimiento.
El triunfo sobre las adversidades, es, pues, la ley fundamental de la vida. A su servicio están la tendencia a la autoconservación, la tendencia al equilibrio, tanto somático como psíquico, el crecimiento corporal y anímico, y la tendencia a la perfección.
La tendencia a la autoconservación engloba la comprensión y la capacidad de evitar el peIigro, la procreación considerada como senda evolutiva hacia la perpetuación de una partícula somática, más allá de la muerte personal, la colaboración en el desenvolvimiento de la humanidad, en el que se inmortaliza el espíritu de sus colaboradores y el trabajo socializado de todos aquellos que participaron en la consecución de todos los objetivos mencionados.
Cómo procura el cuerpo de continuo conservar, completar y superar simultáneamente todas las partes de importancia para la vida, lo demuestra con toda claridad la maravillosa obra de la evolución: la coagulación de la sangre en las heridas; la conservación, dentro de amplísimos límites, de la proporción debida de agua, glucosa, cal y albúmina; la regeneración celular y sanguínea; la acción armoniosa de las glándulas endocrinas. Todas estas funciones son producto de la evolución y demuestran la resistencia del organismo frente a los agentes nocivos externos. La conservación y el aumento de esta capacidad de resistencia es consecuencia de un trascendental cruzamiento de sangre, mediante el cual los defectos pueden ser disminuidos y las ventajas mantenidas e incrementadas. También contribuyó a ello de un modo decisivo el desenvolvimiento del hombre en un sentido social. Asi, el abandono del incesto puede considerarse como simple corolario de la tendencia a la busqueda de la socialización.
El equilibrio psíquico se halla continuamente amenazado. En su tendencia hacia la perfección, el hombre se halla en estado de tensión psíquica y tiene conciencia de sus deficientes medios para alcanzar ese objetivo. Sólo la sensación de haber alcanzado una elevada posición será capaz de proporcionarle sentimientos de tranquilidad, de felicidad y de autoestima. Pero en el momento siguiente, su optimismo se esfuma. Aquí puede verse patentemente que ser hombre equivale a poseer un sentimiento de inferioridad (de minusvalía) que nos impele de continuo a su superación. EI sentido de la superación que se busca es, desde luego, tan sumamente variado como el anhelado objetivo de la perfección. Cuanto mayor es el sentimiento de inferioridad, cuanto más intensamente es experimentado, tanto más impetuosa será la tendencia a la superación, tanto más violenta será la agitación emocional. Pero el embate de los sentimientos, de las emociones y de los estados afectivos no dejan de influir sobre el equilibrio físico. Por las vías del sistema nervioso vegetativo, del nervio vago y a través de las modificaciones endocrinas, el cuerpo sufre cambios que tienen repercusiones en la circulación sanguínea, las secreciones, el tono muscular y en casi todos Ios órganos. Considerados como fenómenos pasajeros, tales cambios son normales, y sólo en su configuración se diferencian según el estilo de vida del sujeto. Si llegan a ser duraderos, hablamos entonces de organoneurosis funcionales que, al igual que las psiconeurosis, deben su origen a un estilo de vida que acusa una inclinación hacia la retirada ante el problema al cual el individuo es confrontado, y a asegurar esta retirada mediante la fijación de los síntomas de shocks orgánicos o psíquicos que se desencadenaron. Así ejerce el proceso anímico una influencia sobre el organismo. Pero también actuará sobre la esfera puramente psíquica, en la que da lugar a toda clase de fracasos, a actos y omisiones hostiles a las exigencias de la vida en común.
De la misma manera influye el estado orgánico en el proceso psíquico. El estilo de vida queda ya constituido, según nuestras observaciones, en la más tierna infancia. El estado orgánico congénito ejerce en ese momento una poderosa influencia. El niño descubre la eficacia de sus órganos corporales desde sus primeros movimientos y actos; es consciente de ella, pero aún no tiene palabras ni conceptos para poder expresarla. Y puesto que también la reacción del medio ambiente respecto al valor de los órganos es totalmente distinta, será siempre una incógnita lo que el niño experimenta acerca de su propio poder. En todo caso, basándonos en nuestra experiencia de probabilidades estadísticas, es posible afirmar, aunque no sin cautela, que el niño, desde el comienzo de su vida, tiene la vivencia de su inferioridad orgánica dondequiera que ésta exista: en el aparato digestivo, en la circulación sanguínea, en los órganos respiratorios y secretorios, en las glándulas endócrinas o en los órganos sensoriales. Pero sólo de sus movimientos e intentos puede inferirse hasta qué punto y en qué modo intenta dominarla. En este caso toda explicación causal sería vana. Precisamente aquí se manifiesta la fuerza creadora del niño. Movido por sus tendencias en el espacio casi ilimitado de sus posibilidades, son los ensayos y errores los que le proporcionan un entrenamiento y un camino hacia un objetivo de perfección que le parece satisfactorio. Tanto si lo hace impulsado por una tendencia activa, como si permanece en completa pasividad, dominándose o sometiéndose, abierto al mundo o encerrado en su egoísmo, valiente o cobarde, variable en su temperamento y en su ritmo, fácilmente conmovible o indiferente, el niño, en supuesta armonía con su medio ambiente, que interpreta y contesta a su manera, decide el destino de su vida entera y elabora y desenvuelve su ley de movimiento, su ley de conducta. Todas estas orientaciones hacia un objetivo de superioridad son distintas para cada individuo y tienen mil matices diferentes; de modo que nos faltan palabras para designar, en cada caso, algo más que lo meramente típico, y nos vemos obligados a recurrir a prolijas y circunstanciadas descripciones.
Sin conocimientos psicológico-individuales, ni el mismo individuo podría decirnos, con cierta claridad, hacia qué dirección se encamina, incluso muchas veces la describe totalemente hacia el lado contrario. En estas condiciones, tan sólo el conocimiento de su ley dinámica podrá darnos luz acerca de ello. Siguiendo esta senda chocaremos en seguida con el sentido, con la opinión de los movimientos expresivos, que pueden ser de toda clase: palabras, ideas, sentimientos y actos. Hasta qué punto el cuerpo está dominado, sin embargo, por esta ley de movimiento lo revela el sentido íntimo de sus funciones. Constituyen éstas un idioma que hemos llamado dialecto de los órganos y que, generalmente, es más expresivo y más gráfico de lo que nunca podrían serIo las palabras. Un niño que acusa, por ejemplo, una conducta dócil, pero que padece enuresis nocturna, expresa con ello muy claramente su opinión de no querer someterse a la obediencia que se le exige. Un hombre que pretende ser valiente y que llega incluso a creer en su valor, muestra por sus temblores y palpitaciones cardíacas que está perturbado en su equilibrio psíquico.
Una mujer de treinta y dos años se queja de agudos dolores en torno al ojo izquierdo y de diplopia (visión doble) que le obliga a mantener cerrado el citado ojo. La enferma viene padeciendo de tales ataques desde hace once años; el primero lo tuvo al comprometerse, y el actual, que la obligó a acudir al consultorio, hace siete meses. Los dolores desaparecieron temporalmente, pero la diplopia continúa. Atribuye este ataque a un baño frío, y cree haber llegado a descubrir que suelen ser las corrientes de aire las que se lo causan. Un hermano menor padece, a consecuencia de una gripe, de ataques semejantes, también con diplopia; su madre también. A veces, en los anteriores ataques han aparecido asimismo los dolores alrededor del ojo derecho o alternando de uno a otro ojo.
Antes de casarse, la señora en cuestión era profesora de violín.
Participó en conciertos y sentía un gran amor por su arte, que abandonó
al contraer matrimonio. Vive ahora (creo que con el objeto de estar más
cerca del médico) en casa de su cuñado, donde se siente feliz.
Describe a su familia, y especialmente al padre, a varios hermanos y a
sí misma, como excitables y coléricos. Si añadimos a eso lo que fue
confirmado durante el interrogatorio, que son personas con crecida
voluntad de poder, entonces ya no nos cabe duda de que estamos en
presencia de una enferma del tipo descrito, susceptible de sufrir
dolores de cabeza, jaqueca, neuralgia funcional del trigémino y ataques
epileptiformes. (Véase especialmente nuestra obra Praxis und Theorie der lndividualpsychologie -Teoría y práctica de la Psicología del Indidividuo, 3ª ed., cap. 1).
La enferma se queja también de sentir necesidad de orinar siempre que se halla en estado de tensión nerviosa, con motivo de visitas o encuentros con personas desconocidas, etc.
En mi trabajo acerca del origen psíquico de la neuralgia del trigémino, llamé la atención sobre el hecho de que, en casos en que no hay base orgánica, encontramos siempre una intensa emotividad, que se exterioriza fácilmente en toda clase de síntomas nerviosos, tal como fueron comprobados, por ejemplo, en el caso antes expuesto. Es sumamente probable que esta tensión pueda producir, mediante la excitación vasomotora y la del sistema simpaticoadrenalínico, en puntos predilectos y mediante modificaciones de la dilatación de los vasos y de la irrigación sanguínea, síntomas irritativos como el dolor o, también, fenómenos paralíticos. En aquel entonces manifesté ya mis sospechas de que las asimetrías craneanas, faciales, y de las venas y arterias de la cabeza, son signos que permiten sospechar que también en el interior del cráneo, en las meninges y quizá incluso en el mismo cerebro, encontraríamos tales asimetrías, que probablemente afectan a la dilatación y curso de las venas y arterias locales, tal vez incluso, las fibras y células nerviosas correspondientes acusen un desarrollo inferior en uno de ambos hemisferios. De confirmarse esta hipótesis, sería preciso consagrar atención especial al camino que siguen las fibras nerviosas que, igualmente asimétricas, pueden mostrarse demasiado estrechas en caso de vasodilatación. El hecho de que las emociones, y especialmente la ira, la alegría, la angustia y la melancolía, puedan cambiar el grado de repleción de los vasos sanguíneos, se juzga por el color de la cara y, en la ira, por lo saliente de las venas cefálicas. Es muy probable que tales cambios interesen también las regiones más profundas, pero se precisarán aún muchas investigaciones para aclarar toda la complejidad de los fenómenos que aquí tienen lugar.
Sin embargo, si logramos, incluso en este caso, demostrar, no sólo la predisposición a la ira, originada por el estilo de vida tendente a la dominación, sino también la existencia del factor exógeno antes del ataque, que era hasta ahora el más fuerte entre todos; si podemos comprobar una continua tensión anímica desde la más tierna infancia, así como un marcado egoísmo tanto en la vida actual como en los recuerdos y los sueños, y si, además, tenemos un éxito, que puede ser duradero, con nuestro tratamiento psicológicoindividual, habremos dado una valiosa prueba más de que ciertas dolencias, como los dolores de cabeza, la jaqueca, la neuralgia del trigémino y los ataques epileptiformes pueden ser curados permanentemente (en caso de no existir lesión orgánica) mediante una transformación del estilo de vida, con el consiguiente descenso de la tensión anímica y la ampliación del sentimiento de comunidad.
La necesidad de orinar durante las visitas nos permite ya deducir que estamos en presencia de una persona que se irrita con demasiada facilidad. Las causas de esta necesidad imperiosa de orinar, de la tartamudez y otros trastornos y rasgos de carácter nervioso, así como la del azoramiento de un actor en el instante de salir a escena, de un orador al ascender a la tribuna o de un alumno al presentarse a examen, se deben a un factor exógeno: el encontrarse con otras personas. Este síntoma acusa también la presencia de un acentuado sentimiento de inferioridad. Quien posea una idea de la Psicología Individual se dará cuenta, también en este caso, de la dependencia de los juicios de terceros, de la acentuada tendencia a afirmarse o sea de la aspiración a la superioridad personal. La misma enferma declara tener poquísimo interés por los demás. Alega no ser miedosa ni tener dificultad en conversar; pero al hablar rebasa todos los límites acostumbrados, dejando apenas la palabra al interlocutor, lo cual es una señal infalible de su desmesurado deseo de exhibirse. Sin duda es ella quien lleva los pantalones en su matrimonio, fracasando sin embargo contra la indolencia y la necesidad de descanso de su marido, que trabaja laboriosamente y por las noches llega a casa rendido, sin mostrar la más mínima disposición a acompañarla a un espectáculo, a dar un paseo o a platicar con ella. Cada vez que tenía que tocar en público, mostrábase impresionadísima y presa de lo que los alemanes llaman la fiebre de los reflectores y los franceses trac. La pregunta ¿qué haría usted si estuviese curada? , que yo considero muy importante, y cuya contestación nos revela siempre ante qué problema el enfermo bate en retirada, la soslayó con respuestas evasivas y con alusiones a sus dolores de cabeza. En la ceja izquierda se ve una cicatriz profunda causada por una operación en la cavidad etmoidal, intervención a la que siguió muy pronto un ataque de jaqueca. La enferma está completamente convencida de que el frío, bajo todas sus formas, la perjudica y provoca sus ataques. Mas no por eso dejó de tomar un baño frío antes del último, que, como lo asevera, desencadena rapidamente el dolor. Los ataques no van precedidos de aura. A veces, no siempre, se inician con náuseas. Son muchos los médicos que la han examinado sin encontrar ningún trastorno orgánico. La radiografía del cráneo y los análisis de sangre y de orina fueron negativos. El examen ginecológico dio por resultado un útero infantil, con anteversión y anteflexión. En mi obra Estudios sobre minusvalías orgánicas, llamé la atención, no sólo sobre la frecuencia con que se observan inferioridades orgánicas en los neuróticos, observación confirmada por los resultados de Kretschmer, sino también sobre aquella con que, en casos de minusvalías orgánícas, se presentan minusvalías de los órganos sexuales. Esto fue confirmado igualmente por el malogrado Kyrle. El caso que venimos tratando es un nuevo ejemplo de ello.
Se descubrió que nuestra enferma tenía una angustia espantosa a dar a luz desde que había presenciado, con horror, el nacimiento de una hermana más pequeña. Esto confirma una vez más nuestra advertencia de que los temas sexuales no deben ponerse al alcance de los niños hasta que no se tenga la absoluta seguridad de que están ya en condiciones de comprenderlos y asimilarlos. Cuando nuestra enferma tenía once años fue injustamente culpada por su padre de haber tenido relaciones sexuales con el hijo de un vecino. Esta insinuación, acompañada de angustia y miedo acerca de esas relaciones sexuales, contribuyó a intensificar su actitud de protesta contra el amor, protesta que llegó a exteriorizarse en su vida conyugal en forma de una completa frigidez. Antes de contraer matrimonio había exigido de su prometido la renuncia formal a tener hijos. Sus ataques de jaqueca y el miedo constante a su aparición la pusieron en condiciones de reducir a un mínimo el comercio sexual con su esposo. Como ocurre con mucha frecuencia en jóvenes extremadamente ambiciosas, sus relaciones amorosas llegaron a estar notablemente dificultadas, ya que en su grave sentimiento de inferioridad, fomentado por el retraso general a este respecto de nuestra civilización, consideraba equivocadamente dichas relaciones como una humiliación para la mujer.
El sentimiento y el complejo de inferioridad -conceptos fundamentales de nuestra Psicología individual-, lo mismo que la protesta viril, fueron considerados antaño por los psicoanalistas freudianos como inadmisibles. Hoy, sin embargo, son completamente aceptados por el mismo Freud, aunque no se concilien nada bien con su sistema. Pero lo que esta Escuela no ha llegado aún a comprender, es el hecho de que una joven como la que acabamos de describir se halle bajo el peso constante de sentimientos de protesta, cuya vibración se transmite tanto al alma como al cuerpo, pero que sólo se exteriorizan como síntomas agudos ante un factor exógeno que pone a prueba el sentimiento de comunidad existente.
En el caso referido, las manifestaciones externas sintomáticas son la jaqueca y la necesidad de orinar. Los síntomas permanentes desde el casamiento son el miedo al embarazo y la frigidez. Me parece haber puesto ya de relieve gran parte de las causas de esta jaqueca en una persona tan irritable y tan deseosa de dominar, y, a lo que parece, sólo una persona así, y con la descrita asimetría, puede enfermar de jaqueca y de dolores análogos. Sin embargo, no hemos estudiado todavía aquí el factor exógeno que condujo al último ataque, extarordinariamente grave. No puedo negar en absoluto que el ataque haya sido desencadenado por el baño frío; pero me sorprende que una enferma que tan bien y desde hace tanto tiempo sabe cuánto le perjudica el frío, se mostrara dispuesta a meterse en el agua sin acordarse del peligro. Habría aumentado en ese momento su ira ? ¿Pudo coincidir tal ocurrencia con la aparición del ataque? ¿Estaba en presencia de algún adversario como, por ejemplo, su marido, que la ama y a quien quisiera castigar tomando el baño frío un poco a la manera de los que se suicidan por venganza, para castigar a una persona querida? ¿Acaso se hallaba aún enojada contra sí misma por estarlo con alguna otra persona? ¿Se entregó a lecturas sobre la jaqueca o acudió a médicos, convenciéndose cada vez más de que no podría curarse nunca, y aplazando continuamente la solución de sus problemas vitales, que le causan miedo por insuficiencia del sentimiento de comunidad?
Seguramente siente afecto por su marido, aunque muy alejado del verdadero amor. Es más: nunca, en su vida, ha amado de veras. A la pregunta que le fue hecha repetidas veces, inquiriendo qué haría si estuviera curada para siempre, contestó por fin diciendo que se trasladaría a la capital, para dedicarse a la enseñanza del violín y formar parte de una orquesta. Quien posea el arte psicológico-individual de adivinar, comprenderá fácilmente por esta respuesta que esto representaría para ella separarse del marido, ya que éste se halla ligado a su ciudad en la provincia. La comprobación de esta sospecha nuestra fue dada más arriba: la enferma se encuentra a las mil maravillas en casa de su cuñada. Vimos también los reproches contra el marido, y puesto que éste tiene muchas consideraciones con ella, brindándole la mejor ocasión de excederse a su afán de dominar, no le resulta fácil separarse de él. Sería contraproducente, a mi parecer, facilitarle la separación con adecuados consejos y buenas palabras. Tengo que poner en guardia ante el consejo que se da a veces en situaciones análogas: que se busquen un amante. Tales enfermas saben muy bien lo que es amor, pero no lo comprenden, de modo que se Ilevarían una decepción muy grande y descargarían toda la responsabilidad sobre el médico, por haber seguido el consejo de éste. La tarea consiste en este caso en hacer a esta mujer más apta para el matrimonio. Sin embargo, el problema que previamente debe enfrentarse estriba en eliminar de su estilo de vida los errores fundamentales.
Diagnóstico, tras un detenido examen: la mitad izquierda de la cara es algo más pequeña que la derecha. La punta de la nariz está dirigida por lo tanto un poco hacia la izquierda. El ojo izquierdo afectado en ese momento acusa una hendidura palpebral más estrecha que la otra. No podría explicar todavía por qué la enferma se queja a veces del otro lado. Tal vez nos ha facilitado un dato erróneo.
He aquí un sueño de la enferma: Me encontraba con mi cuñada y una hermana mayor en el teatro. Les decía que me esperaran un momento, pues aparecería en la escena. Interpretación: siempre demuestra una tendencia a brillar ante sus parientes; le gustaría enormemente poder tocar en la orquesta de algún teatro, y cree no ser bastante considerada por su familia. También en este caso se ve confirmada mi teoría de las minusvalías orgánicas con compensación anímica, descubrimiento que, como demostraremos algún día, sirve de base a los resultados de Kretschmer y de Jaensch. Es casi imposible dudar de que el aparato visual de esta mujer esté afectado en algo: lo mismo podía decirse del de su hermano, víctima de la misma dolencia. No puedo decir si se trata de una anomalía vascular en su estructura o en su distribución. Parece que la visión es normal, de la misma manera que el metabolismo. El tiroides es normal exteriormente. El sueño del teatro y de la presentación en el escenario hacen pensar en un tipo humano esencialmente visual que se fija en apariencias externas. Su matrimonio, junto con el hecho de radicar en la provincia, le impiden presentarse ante el público. La gravidez o un hijo representarían análogo impedimento.
La curación completa se efectuó en el plazo de un mes. El primer paso para ello fue la explicación del factor exógeno que había producido el último ataque. La enferma había encontrado en el saco de su marido la carta de una muchacha, carta que, por otra parte, no contenía más que un breve saludo. Su marido llegó a disipar sus sospechas. No obstante, perduró en ella una disposición suspicaz que nutría los celos, nunca hasta entonces experimentados. Desde aquel acontecimiento se dedicó, además, a vigilar a su marido. Corresponde a este periodo su baño y el comienzo de su ataque. Uno de los últimos sueños que tuvo después de comprobar sus celos y de sentir su amor propio herido, muestra que aún mantenía sus sospechas. Este sueño representaba la tendencia a hallarse precavida y a desconfiar del marido. En otro sueño vio cómo un gato se apoderaba de un pescado y huía con él, y que una mujer daba caza al gato para arrebatarle su presa. La interpretación es harto sencilla: la enferma trata de llamarse la atención a sí misma sobre un posible plagio de su marido, en un lenguaje metafórico en el que todo suena más elocuentemente. De la discusión con la enferma pudimos deducir que jamás había sido celosa, ya que su orgullo le prohibía de antemano esta mala costumbre, pero que desde el hallazgo de aquella carta empezó a tener en cuenta la posibilidad de que su marido le fuera infiel. Contando incluso con esta infidelidad, su irritación aumentó contra la pretendida dependencia de la mujer respecto al marido. Su baño frío no fue, pues, en efecto, sino la venganza de su estilo de vida ante el descubrimiento de que su valía personal dependía del reconocimiento del marido, y ante el reconocimiento insuficiente de esta valía por parte de su marido. Sin sus ataques de jaqueca (la consecuencia del choque que recibió), habría tenido que juzgarse a sí misma como un ser desprovisto de valía. Pero esto hubiera sido más doloroso.
CAPÍTULO V
FORMA CORPORAL, MOVIMIENTO Y CARÁCTER
Conocimiento vulgar de los hombres y ciencia caracterológica. La forma, producto del proceso de adaptación. Factores especiales en la evolución de la forma humana. Crítica de la eugenesia. Relatividad en la valoración de la forma. Interpretación psicológico-individual de las correlaciones entre forma corporal y carácter. El sentido del movimiento. Crítica de la concepción de la ambivalencia. Las dos líneas de movimiento.
Dedicaremos el presente capítulo a estudiar el valor y el sentido inherentes a las tres formas de expresión de la especie humana: morfología, dinamismo y carácter. Un conocimiento científico del hombre debe, naturalmente, basarse en experiencias. Pero de una simple recopilación de éstas no resulta todavía una ciencia. Aquélla es más bien una preparación de ésta, y el material recopilado exige una conveniente ordenación conforme a un principio común. Un puño alzado con ira, un rechinar de dientes, una mirada llena de odio, una serie de injurias proferidas, etc.. son movimientos agresivos, y así interpretados por cualquiera, que al espíritu investigador, en su afán de acercarse a la verdad -en esto consiste en última instancia el espíritu de la ciencia-, ya no le plantean ningún problema. Sólo si conseguimos situar estas y otras manifestaciones dentro de un conjunto más amplio de relaciones hasta ahora no descubiertas, que abra nuevos puntos de vista, resuelva problemas hasta hoy insolubles o los plantee nuevos, podremos hablar de verdadera ciencia.
La forma de los órganos humanos, así como la morfología humana, están en una especie de armonía con su manera de vivir y deben su esquema básico al proceso de adaptación a las condiciones exteriores que permanecen invariables durante largos períodos de tiempo. El grado de esta adaptación es infinitamente vario y no llega a hacerse notar en su forma sólo si rebasa francamente un límite determinado para atraer nuestra atención. Sobre esta base evolutiva de la figura humana influyen desde luego toda una serie de factores, entre los cuales cabe destacar los siguientes:
1. La extinción de determinadas variantes para las cuales no se dan, ni pasajera ni permanentemente, condiciones de vida. Aquí intervienen, no sólo la ley de adaptación orgánica, sino también ciertas maneras erróneas de vivir que han llegado a gravitar pesadamente sobre grupos humanos más o menos amplios (guerras, defectuosa administración, falta de adaptación social, etc.). Además de las rígidas leyes de la herencia, más o menos concordantes con las de Mendel, hemos de tener también en cuenta la plasticidad de los órganos y la morfología en el proceso evolutivo de la adaptación. La relación entre la forma y las cargas individuales y generales podrá ser expresada como valor funcional.
2. La selección sexual. Parece tender a la equiparación de la forma y el tipo a medida que se extiende la civilización y aumentan los intercambios. Esta elección se halla más o menos influida por conocimientos de orden biológico y médico, así como por el sentimiento estético que de ellas resulta, siempre sometido este último factor, a cambios y errores. Los ideales de belleza en sus contrastes, tales como el atleta o el hermafrodita, la opulencia o la delgadez, muestran cuan sujetas a cambio son estas influencias, cambios que, por otra parte, son estimulados por el arte.
3. La correlación de los órganos. Los órganos, junto con las glándulas de secreción interna (tiroides, glándulas sexuales, suprarrenales, hipófisis), forman, por así decirlo, una liga secreta, pudiendo ayudarse o perjudicarse mutuamente. Esto explica la supervivencia de formas que, aisladamente, estarían condenadas a desaparecer, pero que, en sus correlaciones, no alteran el valor funcional global del individuo. El sistema nervioso, central y periférico, desempeña un papel sobresaliente en esta acción integradora, ya que, en colaboración con el sistema vegetativo, puede elevar tanto corporal como espiritualmente el valor funcional total del individuo gracias a la singular capacidad de entrenamiento que le es inherente. Esta circunstancia hace posible que las formas atípicas y hasta defectuosas puedan subsistir sin poner en peligro la existencia de individuos o generaciones. Éstos obtienen una compensación en otras fuentes de energía, de modo que el balance de la totalidad del individuo puede mantenerse en equilibrio, y aun a veces con un saldo de energías favorable. Una investigación libre de prejuicios demostraría seguramente que entre las personas más capaces y de más valía no figuran precisamente las más bellas. Esto nos hace pensar también que una eugenesia individual o racial, sólo en muy limitada medida podría crear valores, pues el número de complejos factores es tan considerable que sería más fácil llegar a formar un juicio falso que una conclusión cierta. Una estadistica, por muy comprobados que estuvieran sus datos, no podría ser decisiva para el caso aislado.
El ojo levemente miope, con su construcción oblongada, representa en nuestra civilización, orientada al trabajo sobre objetos cercanos, una ventaja innegable, ya que excluye casi totalmente la fatiga visual. La zurdería, que abarca casi un cuarenta por ciento de la Humanidad, es sin duda una desventaja en una civilización orientada hacia el trabajo con la diestra. Sin embargo, entre los mejores dibujantes y pintores, entre las personas de mayor habilidad manual, encontramos un tanto por ciento muy elevado de zurdos que hacen verdaderas maravillas con su mano derecha, tras una magistral habituación. Obesos y flacos se ven acechados por peligros distintos, pero no menos graves, aunque desde el punto de vista de la medicina y de la estética, la belleza se incline cada vez más a favor de los flacos. Una mano corta y ancha parece sin duda alguna más favorable para el trabajo manual, por su mayor eficacia para actuar como palanca, pero el progreso técnico y el perfeccionamiento de las máquinas hacen cada dia más superfluo el duro trabajo manual individual. La belleza del cuerpo -aunque no podamos substraernos a su atracción- suele llevar consigo tantos inconvenientes como ventajas. Cualquiera puede comprobar que entre las personas que no han aceptado ni la carga del matrimonio ni la de la descendencia hay un crecido número de hombres bien formados, mientras que los pertenecientes a tipos estéticamente menos agradables participan en la procreación de un modo brillante a causa de sus excelencias de otro orden. ¡Con cuánta frecuencia nos encontramos en un lugar dado con tipos totalmente opuestos a lo que habíamos esperado! Por ejemplo, alpinistas de piernas cortas y pies planos, sastres hercúleos, tenorios poco agraciados, etc. En semejantes casos, sólo el examen detenido de las complejidades psicológicas nos permitirá una justa comprensión de estas aparentes contradicciones. Todo el mundo conoce tipos infantiles de gran madurez intelectual y tipos viriles que se comportan como niños: gigantes cobardes y enanos valientes; gentlemen feos y jorobados y sinvergüenzas de aspecto agradable y simpático; grandes criminales afeminados y hombres de aspecto rudo con blando corazón. Es un hecho innegable que la sífilis y el alcoholismo lesionan el plasma germinal, lo cual se traduce tanto por inconfundibles marcas exteriores como por la mayor letalidad de la descendencia. Sin embargo, no son raras las excepciones, y no hace mucho que Bernard Shaw, aún tan robusto a pesar de su edad avanzada, nos reveló que era hijo de un alcohólico. Al principio trascendental de la selección se contrapone la influencia obscura, demasiado compleja, de las leyes de la adaptación. Ya el poeta se lamentaba:
... Y Patroclo yace sepultado mientras Tersites vuelve a su hogar.
Tras las guerras suecas, tan mortíferas, hubo tal escasez de hombres que una ley obligó a todos los sobrevivientes a casarse, incluso a los enfermos e inválidos. Ahora bien, si fuera posible establecer comparaciones entre los pueblos, los suecos de hoy en día, son considerados como pertenecientes a los tipos humanos más bellos. En la antigua Grecia se exponía a los niños mal formados. Y en el mito de Edipo se ve la maldición de la Naturaleza ultrajada o, quizá, mejor dicho, de la ultrajada lógica de la sociedad humana.
Tal vez cada uno de nosotros lleve dentro de si una imagen ideal de la forma humana, por la cual mide a los demás. No hay manera de poder prescindir en la vida de la adivinación. Espíritus de elevado vuelo hablan de intuición. Al psiquiatra y al psicólogo se les plantea el problema de saber a qué inmanentes normas es preciso atenerse para juzgar las formas humanas. A este respecto parecen tener una importancia decisiva las experiencias de la vida, a veces reducidas a imágenes estereotipadas, conservadas desde la niñez. Lavater, entre otros, hizo de esto un sistema. A la uniformidad extraordinaria de estas impresiones, corresponde la de las ideas que nos forjamos de la persona avara, benévola, perversa o criminal. Y es que, a pesar de todas las reservas, por lo demás justificadas, no hay que olvidar que en estos casos nuestro entendimiento inquiere secretamente de la forma, su contenido y su sentido. ¿Será el espíritu quien da forma al cuerpo?
De los resultados obtenidos en estos estudios quisiera destacar aquí dos, por parecerme susceptibles de arrojar cierta luz sobre el obscuro problema de la forma y el sentido. No debemos olvidar las aportaciones de Carus, quien, gracias a la meritísima labor de Klages, ha recobrado actualidad, ni las modernas investigaciones de Bauer y Jaensch, pero las obras que aquí queremos recordar son el trabajo de Kretschmer, Korperbau und Charakter (Morfología y carácter), y la mía, Studie über Minderwertigkeit von Organen (Estudio de las minusvalías orgánicas), esta última mucho más antigua. En ella creo haber encontrado la vía de transición, el puente que, a través de un pronunciado sentimiento de inferioridad, conduce de una minusvariante corporal a una tensión especial del aparato anímico. Las exigencias del mundo circundante son experimentadas en estas condiciones como demasiado adversas, y la inquietud por el yo propio se exacerba de manera claramente egocéntrica, por falta de adecuado entrenamiento. De aquí surgen una acentuada hiperestesía psíquica, falta de ánimo y de decisión, así como un esbozo de apercepción antisocial. Esta perspectiva del mundo circundante se opone a la debida adaptación y favorece los errores. Con un máximo de precauciones y con una continua atención a la búsqueda de comprobaciones o contradicciones, este punto de vista permitiría descubrir la esencia y el sentido partiendo de la forma. No me atrevería a decidir aquí si los fisonomistas experimentados se han apartado de la Ciencia para seguir instintivamente este sendero. Puedo afirmar, en cambio, que el entrenamiento psíquico, que se deriva de esta mayor tensión, puede conducir a más brillantes rendimientos. No creo equivocarme al deducir por experiencia que ciertas glándulas de secreción interna como por ejemplo, las genitales, pueden ser estimuladas gracias a un entrenamiento síquico apropiado, mientras que, por el contrario un entrenamiento inoportuno las alterara. No puede ser casual el hecho que he comprobado tan a menudo, de muchachos afeminados o muchachas hombrunas a causa de un entrenamiento en el sentido opuesto, fomentado generalmente por los padres.
Con sus contraposiciones del tipo picnoide y del tipo esquizoide, con sus características discrepancias de forma y con sus peculiares procesos anímicos, nos ha proporcionado Kretschmer una descripción que marca a la ciencia un nuevo rumbo. Pero el puente entre la forma y el sentido cae fuera de su órbita. Es de esperar que su brillante exposición será sin duda, un día, uno de los puntos de partida hacia la solución de este problema.
En un terreno mucho más seguro se mueve el investigador que se propone interpretar el sentido del movimiento. Pero también aquí le estará reservado un papel importante a la adivinación: y en cada caso el resultado general confirmará el éxito o el fracaso de aquélla. Con esto dejamos ya sentado, tal como la Psicología individual suele hacer siempre, que todo movimiento viene originado por la personalidad total y lleva en sí su estilo de vida. Todo modo de expresión emana de la unidad de la personalidad, dentro de la cual no existe la menor contradicción, ni ambivalencia, ni siquiera dos almas a la manera fáustica (dos almas, ¡ay!, se alojan en mi cuerpo...). Que una persona pueda ser distinta en la conciencia y en el inconsciente -una división por lo demás artificial debida al fanatismo psicoanalítico- es algo que rechazará todo aquel que haya comprendido las complejidades y los matices de la conciencia. Tal como uno se mueve, así es el sentido de su vida.
La Psicología individual ha intentado elaborar en forma científica la teoría del sentido de los modos de expresión. Dos factores, con sus mil variantes, posibilitan una interpretación a este respecto. Uno de ellos se forma a partir de la más tierna infancia y acusa la tendencia a superar cualquier situación de insuficiencia, a encontrar un camino que conduzca de un sentimiento de inferioridad al de superioridad y a la liberación de las tensiones psíquicas correspondientes. Este camino es iniciado ya con todas sus peculiaridades en la infancia y permanece invariable a todo lo largo de la vida. La captación de sus matices individuales presupone en el observador una cierta capacidad de comprensión artística. El otro factor nos permite apreciar el interés colectivo del examinado, su grado o su falta de solidaridad humana. Nuestro juicio sobre el modo de mirar, atender, hablar, actuar y trabajar, nuestra valoración y diferenciación de los modos de expresión tienden a sopesar la capacidad de cooperación del individuo. Y es que, formados en la esfera inmanente del interes recíproco, muestran en tal examen el grado de preparación para participar en la labor colectiva. La línea primaria de movimiento hará siempre acto de presencia, aunque bajo mil formas distintas, y no podrá desaparecer hasta la muerte. En el curso inmutable del tiempo, todo movimiento está guiado por un impulso de superación. El sentimiento de comunidad presta tono y color a este movimiento ascendente.
Si en la búsqueda de las más íntimas unidades, deseamos dar con la
mayor prudencia posible un paso adelante, alcanzaremos un punto de
vista que nos permita adivinar como el movimiento se vuelve forma. La
plasticidad de la forma viva tiene ciertamente sus límites: pero,
dentro de éstos, el movimiento individual se ejerce y se manifiesta, de
modo perdurable en generaciones, pueblos y razas, idéntico en el correr
del tiempo. Aquí el movimiento se amolda y se vuelve: la forma.
Así el conocimiento de la naturaleza humana a partir de la forma llega
a ser posible si reconocemos en ella el movimiento que la moldeó.
Publicado el 10:12 a.m. en ARTICULOS PSICOLOGIA, ARTICULOS | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
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