"La Vanguardia"
NIÑOS TIRANOS La ausencia de límites ha hecho creer a los niños que pueden tener "todo" y "ahora"
ESCASA FORMACIÓN Los menores son los menos preparados para afrontar tiempos de control del gasto
Con apenas seis años, Santiago ya va por el cuarto móvil,
ha viajado por medio mundo y no hay cachivache tecnológico que se le
resista. En su corta vida no ha oído hablar de lo que significa estar
en el paro, pasarlas canutas para pagar la cuota de la hipoteca ni
mucho menos qué es una crisis. Él sólo sabe que cada vez que pide algo,
sus padres se lo dan de inmediato.
Santiago ha nacido en un largo periodo de bonanza económica, que acaba
de concluir de manera abrupta. Como él, muchos niños y adolescentes se
enfrentan por primera vez al "no" de unos padres incapaces de hacer
frente a todas las demandas de sus hijos, acuciados por la subida del
nivel de vida y la amenaza de perder el trabajo, si es que no lo han
padecido ya. "La gente joven y en especial los que tienen hijos son los
más vulnerables, porque además de las restricciones forzadas de su
consumo han de hacer frente a las demandas intransigentes de unos niños
que nunca han tenido en cuenta la situación económica de su familia
porque ésta siempre les ha dado a entender que no había límites a sus
peticiones", explica Antonio López, portavoz de la Confederación
Española de Consumidores y Usuarios (Ceaccu).
Esta manera de actuar, y sobre todo de educar, ha creado pequeños
tiranos - como los define el psicólogo y primer Defensor del Menor,
Javier Urra-, que extienden su dominio, tratando de cubrir sus
ilimitadas necesidades de consumo: ropa de marca, videojuegos, móviles,
MP4. El equipamiento de los más pequeños no ha dejado de crecer, así
como la influencia de los menores en las compras que se realizan en
casa (ver gráfico).
Se trata de un comportamiento cimentado en el modelo de consumo
desaforado que transmiten muchos padres y en creencias del tipo "que
disfrute de todo lo que yo no tuve", "cómo no le voy a dar lo que me
pida si puedo permitírmelo" o "no quiero que sea menos que los demás".
Según advierte la Sociedad de Pediatría de Asturias, Cantabria y
Castilla y León, el resultado son niños que, al no haber recibido nunca
un "no", desarrollan una baja tolerancia a la frustración, que puede
dar lugar a "debilidad, inmadurez y conductas adictivas".
Los expertos muestran su preocupación ante la posible respuesta de los
menores, que ni de lejos han vivido una crisis en carne propia. "El
problema para esta generación reside en distinguir lo superfluo de lo
básico - explica Guillermo Fouce, profesor de Conducta del Consumidor
de la Universidad Carlos III de Madrid-, porque para ellos ambos
conceptos son lo mismo".
El filósofo y sociólogo Gilles Lipovetsky, que ha participado esta
semana en el congreso Familia y Globalización de la Fundación de Ayuda
contra la Drogadicción (FAD), señala que estos niños y adolescentes son
víctimas de los valores sociales predominantes: hedonismo y
presentismo. "Hasta entonces se consumía por necesidad, pero a partir
de los años 80 se consume por placer. Ahora el consumidor vive
hipnotizado por los escaparates. Incluso los menos desfavorecidos
socialmente son hiperconsumidores".
Como prueba de ello, basta recordar que el gasto medio por niño en
juguetes sólo en Navidades oscila entre 150 y 175 euros, según las
organizaciones de consumidores. En esas fechas, prácticamente siete de
cada diez adolescentes prefieren regalos tecnológicos, que difícilmente
cuestan menos 60 euros.
Sólo el negocio de las consolas y los videojuegos en España facturó el
año pasado 1.454 millones de euros, por encima de lo que ingresaron la
industria del ocio por la música, las películas de vídeo y las
taquillas de los cines juntos. En el 2007, se adquirieron casi 17,5
millones de juegos para videoconsola, lo que situó a España como el
cuarto país en venta de videojuegos. Estudios organizados por los
consumidores señalan que entre la adquisición de móviles y otros
artículos tecnológicos (MP4, cámara digital...) y la actura de consumo de los adolescente supone al año un gasto de más de 2.000 euros.
A juicio de los especialistas, son los abuelos de estos chicos los que
tienen una mayor capacidad para afrontar esta crisis económica porque
crecieron en una época de dificultades y aprendieron a saber qué es
realmente necesario para vivir. Al igual que ellos hicieron, Fouce
habla de la conveniencia de aprovechar la situación actual para
establecer las bases de un nuevo consumo más racional y responsable.
Los especialistas recuerdan, sin embargo, que el consumo no es malo, ya
que permite mejorar las condiciones de vida. Lo que resulta perjudicial
es el consumo irreflexivo, aquel que se mueve por el convencimiento de
que lo material proporciona felicidad. El problema de este tipo de
consumo es que no tiene límites, ya que a la satisfacción que
proporciona la adquisición de un producto viene enseguida la necesidad
de obtener otra, y después otra... Ese tipo de consumo genera, en
contra de lo esperado, una gran insatisfacción.
"A los niños hay que ponerles límites y enseñarles que no se puede
tener todo, aunque económicamente la familia se lo pueda permitir. Ese
aprendizaje les será de gran ayuda en la vida, entre otra, a afrontar
los tiempos de crisis", señala Antonio López.
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